El clásico navideño que también es ‘fit’
Las calles comienzan a llenarse de espíritu navideño, adornos, luces en los escaparates, dulces tradicionales y recetas típicas que nos anuncian la llegada de la temporada más mágica del año; entre estos preparativos, un clásico vuelve a tomar protagonismo: el bacalao.
Beneficios nutricionales
A nivel nutricional, el bacalao destaca por ser uno de los alimentos más completos y saludables, y posee una gran fuente de tres nutrientes relevantes y difíciles de encontrar en otros alimentos naturalmente, como la vitamina D, el selenio y el omega 3.
El selenio es vital para la integridad de las células, ya que su función es proteger de los agentes que puedan oxidarlas y, por lo tanto, destruirla. Este mineral no se presenta en muchos alimentos; sin embargo, en 200 gramos de bacalao se aporta del 60% al 70% de la cantidad diaria recomendada.
A pesar de ser un pescado magro, es decir, que contiene muy poca grasa, los ácidos grasos de omega 3 son abundantes: con una porción de 200 gramos, se cubre el 80% por ciento de la cantidad diaria necesaria. Estas grasas ayudan considerablemente a la protección del corazón y sistema cardiovascular.
Como consecuencia de la extracción del agua, el bacalao tiene un contenido nutricional más concentrado cuando se encuentra seco que en el pescado fresco. El bacalao seco es también rico en proteínas y vitaminas A y D, que son especialmente importantes durante el invierno.
Tips de preparación
Adicional a la tradicional receta a la vizcaína, el bacalao puede consumirse en un sinfín de presentaciones, siendo el protagonista de platillos frescos, más tradicionales, o incluso innovaciones como mole de bacalao o tamales de bacalao.
Al volver al bacalao protagonista de estas recetas, cada platillo se convierte en una versión que, además de sabor, garantiza una calidad nutricional mucho mayor en comparación al uso de otros tipos de carne.
Dependiendo de la receta que se vaya a preparar, es posible elegir de una gran variedad de presentaciones que se ofrecen en los supermercados, como fresco, salado, ahumado o congelado. También se puede conseguir entero, en piezas, en lomos, desmigado o en filetes; incluso, es posible aprovechar huesos y piel del bacalao para fabricar harina de pescado, el aceite que se obtiene del hígado de bacalao es una de las fuentes más importantes de vitaminas AyD, y aporta omega 3, por lo que se le utiliza como suplemento alimenticio.
El tesoro vikingo en la mesa mexicana
El bacalao, que proviene de los barcos europeos que llegaron a América en el siglo XVI, se ha vuelto un elemento básico y representativo de la dieta de los mexicanos en esta temporada, y con el paso del tiempo, ha evolucionado hasta volverse un infaltable en las mesas.
Este alimento, tal y como lo conocemos hoy, nació de una tradición que proviene de siglos atrás: los antiguos pueblos vikingos descubrieron que al colgar el pescado al aire libre para dejarlo secar con el frío del Ártico, obtenían un alimento ligero, delicioso y resistente. Lo llamaron stockfish, que significa “pescado de poste”, porque se secaba suspendido en estructuras de madera (que aún hoy pueden verse en las costas del norte de Noruega).
Ese proceso convirtió al bacalao en un alimento indispensable, por ser fácil de transportar, duradero y sorprendentemente nutritivo. Con el paso del tiempo, este método de conservación arraigó profundamente en países como Noruega, que hoy es reconocido como el principal origen de este emblemático producto que sigue viajando por el mundo para llegar a nuestras mesas navideñas.
No importa cómo sea la preparación, ya sea como parte de la cena navideña o en preparación de torta, el bacalao tiene una historia y tradición milenaria, es un platillo ya considerado tradicional mexicano, que forma parte de nuestros momentos más importantes y familiares.

