Tarimoro, calles donde se respira el ambiente familiar

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Desde la imponente columna del Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México, comienza nuestro viaje. Subidos en una van, como un río de asfalto, nos dirigimos a Tarímoro, un pueblo que lleva en su nombre la esencia purépecha de «Tarimu», que significa sauce.

Ubicado en la región de Los Valles Abajeños, entre 1,700 y 2,800 metros sobre el nivel del mar, Tarímoro fue fundado en 1563 y resplandece con su Parroquia de San Miguel Arcángel, una joya de cantera rosa.

Sus arcos y columnas, tallados con delicadeza, resguardan siglos de fe. Ahí, nos detuvimos, respirando la historia en cada detalle. Después, Edgar García Hernández, director de turismo, y Cristian Eduardo Alcántara, de marketing, nos acompañan con una calidez que se siente en cada palabra. En el Jardín de Tarímoro, entre los aromas de Conn Café Casa Tostadora y las enchiladas que despiertan los sentidos, encontramos un remanso de paz.

La economía del pueblo gira en torno al maíz, al cacahuate y a la guayaba, siendo famoso su cacahuate dulce. Pero el viaje no termina ahí. Cruzamos a los Sauces, donde el Parque Ecoturístico El Galán, guiados por Pablo Arriola, se despliega en un susurro verde. Y finalmente, como un espejo de cielo y tierra, la Presa El Cubo recibe nuestros pasos, convirtiendo cada gota en un latido, cada reflejo en una metáfora. Y así, entre pueblos, café, senderos, agua e historia, visitamos la parroquia, respiramos su fe, y nos despedimos de Edgar y Cristian, agradecidos por abrirnos las puertas de un Tarimoro que es un hogar hecho de memoria, fe y sabor.

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