Las plataformas ceremoniales de Monte Albán y las haciendas de Cuilápam de Guerrero esconden un pasado que rara vez pisa las páginas del suspenso policíaco. En esos túneles, bajo las ruinas, arranca una cadena de muertes violentas que desafía tanto a los rifles del porfiriato como a las creencias ancestrales de la sierra oaxaqueña.
En el marco del mes del terror y la víspera de Día de Muertos, ese misterio marca el lanzamiento de Los dioses de la masacre, nueva novela de F. J. Trueba, bajo el sello Thalos Publishing. La historia transcurre a inicios de 1910. Fernando González, un ingeniero de minas con estudios en el extranjero, llega a la zona para evaluar yacimientos de hierro. En pocas horas termina en el banquillo de los acusados tras el hallazgo de un cadáver destripado en plena plaza ceremonial zapoteca. Lo que parecía una riña de peones destapa una cacería nocturna.
Un crimen de cuatro filos en la plaza ceremonialEl caso detona en la mesa de disección. Las heridas del cuerpo desconciertan a las autoridades rurales: cuatro tajos paralelos, limpios y profundos que descartan el uso de machetes o bayonetas militares. El dictamen médico duda entre una navaja de cuatro filos y el zarpazo de una fiera desconocida. La respuesta comunitaria no espera a los peritos; la gente culpa a los guardianes del monte y los terratenientes exigen un culpable rápido para evitar un levantamiento.

