Las Estrellas También se Van.

Por Sofía Martpinez

«¡Ay cómo sufre Maria», me decía entre lágrimas mi mamá, mientras veíamos alguna telenovela; reconozco que la acompañaba con una buena chillada.

La verdad, yo no era de caricaturas, sino de novelas, tampoco tenía mucha opción, mi má me las ponía. En mi casa no se vivía una niñocracia. Ahora lo entiendo, mis papás, luego de tener 4 hijos y después de 6 años de diferencia me tuvieron a mí, lógico ya estaban cansados. Entonces me invitaron a su mundo de adultos, que acepto gozaba: cenas de grandes, películas no aptas para menores y las telenovelas… Que si los Ricos También Lloran, que si La Fiera, que si La Pasión de Isabela… Yo era muy adultita.

Obvio me mimeticé con mi madre, a tal grado que en coro y en frente de mi papá decíamos, ¡qué guapo!, refiriéndonos al gran Héctor Bonilla y aunque yo era una niña me enamoré de él. Como lo oyen, porque además de guapo era un extraordinario actor.

Mientras mi mamá y yo babeabamos viéndolo en la tele, mi papá nos presumía «es amigo mío, lo conocí en la Guay (GMCA)…» No es que no le creyera, pero me parecía casi imposible. Porque además, no solo gocé su actuación en las novelas sino también tuve la fortuna de verlo en el teatro.
En el minuto que vi a Héctor Bonilla sobre un escenario, creo que era la obra Mi Vida es mi Vida, se convirtió en una estrella, de esas inalcanzables… Verlo en teatro era una joya.

¡Ni siquiera podía imaginar conocerlo!

Uno de esos domingos familiares, bonitos, pero muy rutinarios, confieso, íbamos todos, mis papás, mis hermanos y yo en el coche, creo que era Insurgentes, cuando mi padre nos dice «ahí está Héctor Bonilla». Sabiendo mi admiración por él, se paró; bajó la ventana, todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer, y le gritó «¡Hermilo!» En ese instante me enteré que tenía 2 nombres. Pese a que yo tenía alrededor de 8 añitos, recuerdo como mi corazón comenzo latir sin parar…. «wow» me dije «ahora sí te vas a poder casar con él».

Se acercó mi crush, ni si quiera existía esa palabra y yo tenía uno, se recargó en la ventana: «¡no me quemes! cómo Hermilo…» se quejó mi estrella favorita. Me dio la mano y yo me quedé pasmada… De mis ojos brotaban corazoncitos… «love is in the air everywhere I look around…» Solo de verme, estoy segura, todos a mi alrededor escuchaban esa canción.

Mi papá y Héctor platicaron por unos minutos… Yo los dejé de oír, sólo podía admirar a mi amor platónico y escuchar mi corazón que hacía chucupum, chucupum… Creo que me quedé con la mano extendida durante horas, sin poder emitir palabra alguna. Ni me quería lavar las manos.

Obvio lo presumí muchísimo, aunque seguro las niñas de mi edad me veían como bicho raro. No era para menos, era la pibe (así me decía mi hermano Juan) y, según yo, estaba enamorada de un señor de la edad de mi papá. Freud hubiera gozado la escena.

Seguí su carrera, en verdad era un gran actor, sin duda, de los mejores de México.
Aunque sabía que estaba enfermo su partida me impactó.
Todos nos vamos a morir, hasta las estrellas. Pero a diferencia de nosotros los mortales, su brillo nos sigue iluminando.
Buen viaje al gran Héctor Bonilla.