Desde sus primeros intentos por volverse relevante a finales del siglo pasado, hasta ocupar un lugar privilegiado en el imaginario colectivo actual, el movimiento urbano ha atravesado una transformación profunda que lo ha consolidado y asgurado un lugar en casi cualquier tendencia de la cultura global. Lo que en sus inicios fue una expresión de las minorías, hoy es un fenómeno artístico y cultural imposible de ignorar.
Géneros como el reggaetón, el trap y, más recientemente, los corridos tumbados, han evolucionado no solo en lo sonoro, sino también en su narrativa y estética, creando un fuerte vínculo con los fans a través de identidad, resistencia y orgullo latino. Esta transformación también le ha permitido ampliar su alcance y participación en otros géneros como el pop, el regional mexicano e incluso el rock o la música clásica, como un reflejo de que lo popular también puede ser sofisticado, innovador y culturalmente relevante.
Para reafirmar esto, la leyenda del reggaetón, Yandel, ha sorprendido al presentar sus grandes éxitos de dembow, ahora bajo un concepto sinfónico. A través de arreglos orquestales y una reinterpretación cuidada de su repertorio, el cantante puertorriqueño ha logrado resignificar canciones emblemáticas del género urbano hacia una perspectiva más emotiva y sofisticada sin perder su esencia popular. Este proyecto llega a México el 31 de enero en el Auditorio Nacional, luego de haber logrado el sold out en cada una de sus presentaciones y recibir una respuesta positiva de la crítica especializada.
Pasar de ser blanco de críticas a recibir el reconocimiento y respeto colectivo no ha sido tarea sencilla para sus referentes, quienes suman constantes esfuerzos desde cada una de sus trincheras. En su libro Reggaetón: Una revolución Latina, el escritor y periodista Pablo Wilson reflexiona sobre cómo la música urbana es un vehículo de cambio social, identidad latinoamericana y libertad que conquista no solo listas de popularidad y redes sociales, sino también estadios, festivales y la imaginación colectiva.
Otros rubros creativos, como la moda y el arte, también representan canales importantes para la resignificación de la cultura urbana. La reciente presencia de artistas como El Malilla, El Bogueto y Feid en la Semana de la Moda en París es prueba de que lo urbano ha trascendido el escenario musical para influir en tendencias globales y estilos de vida.
En México, esta revolución urbana no se entendería sin el papel de OCESA, que ha sido pieza angular para el crecimiento y profesionalización del género. A través de experiencias completas en festivales como el Coca-Cola Flow Fest, shows históricos como la residencia de Bad Bunny en el Estadio GNP Seguros en diciembre de 2025, y apuestas por nuevos talentos de la escena local e internacional, la promotora ha fungido como plataforma de visibilidad, producción de alto nivel y reconocimiento de estas expresiones musicales.
El resultado es un movimiento que ha alcanzado una nueva etapa de madurez: la música urbana ya no solo llena estadios y domina el streaming, sino que rompe prejuicios, dialoga con otras disciplinas y se posiciona como una manifestación cultural capaz de definir el pulso creativo de una generación. Lo que alguna vez fue periferia, hoy ocupa un lugar central en la cultura global.

