Ya se puede disfrutar en cines de EL TESTIMONIO DE ANN LEE, la nueva película escrita y dirigida por la realizadora noruega Mona Fastvold (nominada al premio Oscar® como coguionista de El brutalista) que narra la épica historia real de Ann Lee (Amanda Seyfried), líder religiosa que en siglo XVIII fundó la comunidad de Los Shakers, una secta devocional que rendía culto a través del canto y los movimientos extáticos.
El film, que traza el extraordinario viaje de Ann desde el Manchester preindustrial que la vio nacer hasta la Norteamérica colonial donde se asentó, se destaca por su ambientación de época exquisita, creada por un talentoso equipo creativo que colaboró intensamente con Fastvold para transportar a las audiencias hacia el pasado a través de escenarios únicos.
EL DRAMATISMO DE CARAVAGGIO INSPIRÓ LA ESTÉTICA VISUAL DEL FILM
Recrear la infancia de Ann, sumida en el caos y la pobreza de la ciudad inglesa de Manchester en el siglo XVIII, no fue tarea sencilla para Fastvold y su equipo, ya que carecían de testimonios de aquella etapa de la vida de la protagonista. Para recrear ese mundo, entonces, los realizadores recurrieron a las obras del pintor italiano Caravaggio, quien resultó inspirador en materia de colores, iluminación y dramatismo. El equipo también tomó ideas de los trabajos de William Hogarth, pintor, grabador, caricaturista político y humorista gráfico inglés. “Mostraba el desorden y representaba crudamente la vida de la clase baja en Inglaterra en esa época” señala el diseñador de producción Samuel Bader.
MANCHESTER Y NUEVA YORK SE RECREARON EN BUDAPEST
Tras la experiencia gratificante que tuvo con El Brutalista, Fastvold volvió a Hungría para filmar escenas de la nueva película. El equipo se instaló en un terreno cerca de Budapest, donde se construyeron escenarios físicos y extensiones de sets digitales. Una finca húngara de principios del siglo XIX hizo las veces del asentamiento shaker de Albany, Nueva York Estados Unidos. “Era un lugar excelente: buena estructura, pisos magníficos, hermosas molduras y un campo enorme, sin cultivar, que lindaba con extensas tierras agrícolas”, describe Bader.
LOS CIENTOS DE TRAJES DE ÉPOCA FUERON CONFECCIONADOS MAYORITARIAMENTE A MANO
El vestuario de época es una parte importante de la ambientación histórica de la película. Los cientos de trajes para las escenas a ambos lados del Atlántico fueron creados por la diseñadora de vestuario Małgorzata “Gosia” Karpiuk (Zona de interés), quien junto a su equipo confeccionó a mano la mayor parte de las prendas. “Es una maga, un verdadero genio. Dondequiera que mirara, allí estaba ella cosiendo algo a mano, porque se alquilaron muy pocos trajes para la película. Todos en el equipo de Gosia trabajaron como buenos shakers”, asegura Fastvold.
EL EQUIPO VISITÓ UNA ANTIGUA COMUNA SHAKER PARA APRENDER SOBRE SU FILOSOFÍA Y ESTILO DE VIDA
Gran parte de la investigación para la película tuvo lugar en colaboración con Hancock Shaker Village, una comuna en el estado de Massachussetts dedicada a la preservación y difusión de la cultura shaker, marcada por la construcción, el trabajo y la artesanía. “Muchos de sus entornos se conservan, y hay muchísima información en el mobiliario porque es muy icónico”, comenta Bader.
LAS SECUENCIAS DE LA TRAVESÍA EN BARCO FUERON LAS MÁS DESAFIANTES DEL RODAJE
El viaje de Ann desde Manchester hacia América era una parte importante del relato, ya que es el comienzo de una transformación profunda para la protagonista. Las escenas del barco se filmaron en Suecia, a bordo de una réplica impactante de una nave del siglo XVIII. “Filmar en el barco fue un desafío enorme. Pedimos mucho de nuestro elenco. Tuvimos que crear lluvia, nieve y sol. El movimiento del barco fue duro para los actores, y además se empapaban y pasaban frío, lo que fue muy difícil”, relata el director de fotografía William Rexer.
HUBO UNA SOLA OPORTUNIDAD PARA FILMAR EL DRAMÁTICO FINAL DE LA PELÍCULA (ALERTA SPOILER)
En Estados Unidos, las prácticas de la comunidad shaker de Ann Lee muchas veces fueron resistidas por parte de los vecinos rurales. Con frecuencia, atacaban a los shakers en turbas violentas, y eso inspiró la secuencia de cierre del film: la quemadura de la casa de Lee. El equipo construyó la vivienda solo para ser quemada, con 230 tanques de querosén ocultos que alimentaban el fuego a través de tuberías escondidas. El sistema les daba una única oportunidad de rodaje. “Una vez que eso se prende fuego, no hay vuelta atrás”, dice Rexer, al tiempo que Bader agrega: “Cuando trabajas con madera vieja de granero y fuego, nunca es una ciencia exacta. Fue un ejercicio que combinó mucha planificación y un poco de fe en que se quemaría y colapsaría tal como lo habíamos imaginado”.
EL TESTIMONIO DE ANN LEE ya se puede ver en cines.

