El sobreviviente, prueba de fuego para Glen Powell
En El Sobreviviente, Glen Powell consolida el impulso que ha venido construyendo en los últimos años y se coloca, ahora sí, como un actor capaz de cargar una película completa sobre sus hombros. La cinta —un thriller de supervivencia que mezcla acción, tensión psicológica y una dosis medida de drama humano— utiliza un concepto clásico, pero lo ejecuta con la suficiente frescura para mantener al espectador al filo del asiento.
Powell interpreta a un hombre que queda atrapado en un entorno hostil tras un accidente inesperado. Desde los primeros minutos, la película deja claro que su mayor arma no serán las explosiones ni los efectos digitales, sino la intensidad emocional y física del protagonista. Aquí es donde Powell brilla: entrega una interpretación contenida pero contundente, mostrando vulnerabilidad, ingenio y una resistencia que se construye tanto desde lo físico como desde lo emocional.
La dirección mantiene un ritmo firme, evitando los lugares comunes del género y apostando por una atmósfera claustrofóbica que funciona. La fotografía destaca por su uso del entorno —ya sea un paisaje nevado, un bosque inhóspito o un escenario más cerrado— para transmitir la sensación de aislamiento que define a la cinta.
Si bien el guion no revoluciona el género de supervivencia, sí ofrece suficientes giros y momentos de tensión para sostener la trama. Además, conecta con algo más profundo: la idea de que sobrevivir no solo es resistir, sino confrontarse con uno mismo.
El Sobreviviente es, en esencia, una plataforma para demostrar el rango actoral de Glen Powell, quien aquí entrega una de sus interpretaciones más sólidas y matizadas hasta la fecha. Para los fans del actor —y para quienes disfrutan de un thriller bien ejecutado—, la cinta se convierte en una experiencia que vale la pena.

