CENTRO CULTURAL XAVIER VILLAURRUTIA CELEBRA LA DIVERSIDAD CON TRAN-SCENDER

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En el marco de la Noche de Museos de marzo 2026 y rumbo al Día Internacional de la Visibilidad Trans, el Centro Cultural Xavier Villaurrutia, recinto perteneciente a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, abrió sus puertas a un espacio de escucha, de identidad y de resistencia. “Tran-scender: Conversatorio y show” fue una experiencia viva donde la comunidad trans tomó la palabra para narrarse a sí misma.

Entre risas, ironía y complicidad con el público, las y los artistas fueron deconstruyendo conceptos que muchas veces se dan por sentados, pero pocas veces se explican desde la experiencia propia. Soy un Trapo, Aney de la Paz, Lady Nemo, Franz Yero y Nereida, abordaron distintos aspectos de la vida trans, como la identidad, la expresión y la orientación, así como las problemáticas que atraviesan.

Las historias no fueron lineales ni iguales. Algunas hablaron de procesos largos, otras de descubrimientos inesperados. Hubo quienes encontraron en el drag una puerta hacia su identidad y quienes, desde la infancia, comenzaron todo un proceso lleno de confusión, aceptación y, en algunos casos, discriminación.

“Yo viví una infancia que podría decirse común, pero desde entonces ya había cosas que me marcaban: me gustaban las muñecas y siempre le pedía a los Reyes Magos que se las trajeran a mi hermana para poder jugar con ellas. Con el tiempo, mis papás lo entendieron muy bien; nunca tuve que salir de un clóset con ellos, siempre tuve la libertad de hablarlo todo y eso hizo que mi proceso fuera algo bonito”, compartió Nereida, reconociéndose privilegiada, pues su caso es excepcional dentro de la comunidad.

Pero también hubo espacio para nombrar las violencias: las familiares, las sociales, las que empiezan desde la infancia y marcan profundamente la forma en la que se habita el mundo.
“Siento que no tuve una infancia plena en el aspecto de la expresión, porque no se me dejó expresar mi género. Me hubiera gustado jugar como cualquier niña, sin que me dijeran que estaba mal. Creo que muchas infancias trans vivimos eso y esa es parte de la lucha: por las que no pudieron ser libres”, confesó Aney de la Paz.
A lo largo del diálogo, quedó claro que hablar de identidad trans también es hablar de machismo, de estereotipos y de las reglas impuestas sobre los cuerpos y las vidas. Las y los participantes insistieron en la urgencia de romper esas estructuras desde lo cotidiano.
“Hay que empezar a romper los estereotipos que tenemos dentro de la feminidad, porque eso no representa lo que es una mujer. No tenemos que limitarnos a lo que nos dijeron que debíamos ser”, subrayó Soy un Trapo.
El cierre del conversatorio no fue solemne, sino profundamente humano: un llamado a acompañar, a escuchar y a no replicar violencias, especialmente hacia las infancias trans.
“Cuando tenemos cerca una infancia trans, lo mejor que podemos hacer es darles amor y comprensión. El mundo allá afuera es demasiado rudo. Ya no necesitamos más odio, porque odio tenemos mucho”, puntualizó Aney de la Paz.
Después de la palabra vino el cuerpo, la música y la escena. El espacio se transformó: luces, maquillaje, vestuarios y una energía distinta marcaron el inicio del show drag. Cada presentación fue más que entretenimiento; fue una extensión de lo que ya se había dicho, ahora desde la teatralidad.

Las artistas llevaron al escenario relatos encarnados: infancias truncadas, amores complejos, procesos de transición, humor como defensa y el deseo constante de existir sin pedir permiso. A través del lipsync, la danza y la performance, se construyó una narrativa colectiva donde la identidad trans se volvió visible, potente y profundamente humana.
Hubo competencia, complicidad y celebración. El público no solo observó: eligió, reaccionó, se involucró. Entre aplausos y risas, la noche avanzó como un recordatorio de que el arte también es una forma de resistencia.
Así, “Tran-scender” no solo cumplió con su propósito de visibilizar, lo llevó más allá. Hizo del espacio cultural un territorio seguro, pero también un escenario político y emocional donde las historias trans dejaron de ser marginales para ocupar el centro. Porque al final, como se repitió a lo largo de la noche, no se trata solo de entender, sino de reconocer y defender que cada identidad merece ser vivida con dignidad, libertad y, sobre todo, sin miedo.

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