Cáncer de endometrio: el sangrado después de la menopausia puede ser la primera señal de alerta

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El cáncer de endometrio es el segundo tumor ginecológico con mayor incidencia en México, solo por detrás del cáncer cervicouterino, y representa un importante problema de salud pública debido a su frecuencia y mortalidad. Tan solo en 2022 se registraron alrededor de 5 mil 347 nuevos casos y mil 360 defunciones por esta enfermedad, cifras que subrayan la necesidad de fortalecer la detección oportuna y la educación sobre sus principales síntomas y factores de riesgo.

La doctora Lucía Ghiraldo, directora del área médica de ginecología de MSD en México, explicó que este tipo de cáncer se origina en el endometrio, el tejido que recubre la cavidad del útero. Cuando las células de esta capa sufren alteraciones y comienzan a multiplicarse de forma descontrolada, se desarrolla el carcinoma endometrial, una enfermedad cuya detección temprana puede marcar la diferencia entre la curación y un pronóstico menos favorable.

Uno de los principales mensajes para las mujeres es no ignorar el sangrado uterino anormal, especialmente después de la menopausia. De acuerdo con la especialista, cualquier sangrado vaginal en esta etapa de la vida debe considerarse anormal y requiere valoración médica inmediata. Aunque el cáncer de endometrio puede no presentar síntomas en sus etapas iniciales, conforme avanza también pueden aparecer dolor pélvico persistente y pérdida de peso involuntaria y progresiva.

La ausencia de síntomas al inicio de la enfermedad representa uno de los principales retos para su diagnóstico. Sin embargo, la aparición del sangrado suele ser el primer signo de alarma que motiva a las pacientes a acudir con el ginecólogo, lo que incrementa las posibilidades de identificar el padecimiento cuando aún se encuentra localizado y es más tratable.

Respecto a los factores que aumentan el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer, la doctora Ghiraldo señaló que el principal es la obesidad, debido a que el tejido adiposo favorece la producción de estrógenos, generando un desequilibrio hormonal que puede estimular el crecimiento anormal de las células endometriales. A ello se suman otros factores como el inicio temprano de la menstruación, la menopausia tardía y la nuliparidad, es decir, no haber tenido embarazos.

La especialista destacó que entre el 70 y el 75 por ciento de los casos se diagnostican en etapas tempranas, precisamente porque el sangrado posmenopáusico suele alertar a las pacientes. Esta detección oportuna permite acceder a tratamientos más efectivos, ya que en muchos casos la cirugía puede ser suficiente y, dependiendo del riesgo de recurrencia, complementarse con radioterapia, quimioterapia o inmunoterapia.

El beneficio de un diagnóstico temprano también se refleja en la supervivencia. Cuando la enfermedad se identifica en fases iniciales, la sobrevida a cinco años supera el 80 o incluso el 90 por ciento, además de existir posibilidades reales de curación. En contraste, cuando el cáncer se detecta en etapas avanzadas o con metástasis, la supervivencia disminuye a menos del 60 por ciento y las opciones terapéuticas suelen limitarse a tratamientos sistémicos, debido a que la cirugía puede dejar de ser una alternativa.

Frente a este panorama, la recomendación de los especialistas es clara: cualquier mujer que presente sangrado uterino después de la menopausia debe acudir de inmediato al ginecólogo para una evaluación. La información, el reconocimiento temprano de los síntomas y la atención médica oportuna continúan siendo las herramientas más eficaces para mejorar el pronóstico y aumentar las posibilidades de superar eln padecimiento.

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