T-MEC exige a empresas conocer el origen de sus insumos para conservar beneficios arancelarios
Para las empresas mexicanas que exportan a Estados Unidos, cumplir con el T-MEC implica cada vez más que la trazabilidad comience mucho antes de que una mercancía llegue a la aduana. No basta con identificar que un producto fue fabricado o ensamblado en México, las compañías necesitan conocer el origen de los materiales y componentes que lo integran, así como, contar con información que permita demostrar que la mercancía cumple con las reglas de origen aplicables.
La relevancia de este cumplimiento está directamente relacionada con el peso que tiene el mercado estadounidense para la economía mexicana, de acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos, en 2025 las importaciones estadounidenses de bienes provenientes de México alcanzaron 534.3 mil millones de dólares, mientras que las exportaciones de Estados Unidos hacia México sumaron 337.3 mil millones de dólares.
En este contexto, las reglas de origen se han convertido en un elemento estratégico para las empresas, particularmente ante la revisión conjunta del Tratado Comercial de Norteamérica, durante 2026, México y Estados Unidos han puesto sobre la mesa las reglas de origen para determinados bienes industriales, así como, de temas relacionados con automóviles, acero y aluminio.
“Creo que México va a tener varios retos, sobre todo algunos sectores de energía, autopartes y laboral; señaló al analizar los desafíos que enfrenta el país durante la revisión del Tratado, Silvia Armendáriz Bárcenas, encargada de Cumplimiento para México de Livingston International; empresa aduanera con servicios de consultoría en comercio exterior, administración de comercio global y necesidades logísticas.
El reto para las compañías consiste en determinar si los componentes utilizados en un proceso productivo cumplen con las condiciones necesarias para que el producto terminado pueda considerarse originario al amparo del ello, el análisis debe comenzar desde la lista de materiales: identificar cada componente, conocer su clasificación arancelaria, determinar su país de origen, revisar la información proporcionada por los proveedores y aplicar la regla de origen específica correspondiente a la mercancía.
Esto adquiere especial importancia cuando las empresas incorporan materiales provenientes de terceros países; dependiendo de la mercancía y de la regla aplicable, estos insumos pueden modificar el cálculo de contenido regional o afectar la elegibilidad del producto para recibir el trato arancelario preferencial.
Livingston International cuenta con servicios especializados en determinación y certificación de origen, que contemplan el análisis de reglas de origen, clasificación arancelaria y documentación necesaria para sustentar la aplicación de preferencias comerciales.
El sector automotriz es uno de los ejemplos más claros de la complejidad que puede alcanzar la determinación de origen. Para vehículos ligeros, el actual Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, establece un requisito de 75% de contenido de valor regional para acceder al trato preferencial, frente al 62.5% que establecía el TLCAN. Asimismo, existen requisitos específicos para determinados componentes, así como, condiciones relacionadas con acero, aluminio y contenido de valor laboral.
El Tratado establece también requisitos particulares para componentes considerados esenciales, por lo que, una armadora puede fabricar un vehículo en México, pero si determinados componentes no cumplen con las reglas aplicables, el producto final puede no ser elegible para el beneficio arancelario preferencial. Esta situación adquiere mayor relevancia ante la revisión del Tratado y las discusiones para fortalecer el contenido regional de las cadenas productivas de Norteamérica.
“Más que perder inversiones, creo que la inversión tendría que cambiar el rumbo. El desarrollo de la proveeduría local va a ser un punto fundamental después de esta renegociación”, explicó Armendáriz Bárcenas.
La posible transformación de las cadenas de suministro hace que las empresas tengan que revisar no sólo sus procesos internos, sino también la composición de su red de proveedores. Incrementar el contenido regional puede convertirse en una estrategia para reducir riesgos ante modificaciones de las reglas de origen y, al mismo tiempo, fortalecer la integración productiva de México con Estados Unidos y Canadá.
El cumplimiento tampoco termina con identificar el origen de una mercancía, el T-MEC permite que la certificación de origen sea realizada por el importador, exportador o productor y no exige un formato único; sin embargo, la empresa debe disponer de los elementos necesarios para acreditar que la mercancía cumple con los requisitos establecidos por el Tratado. La información y documentación utilizada para sustentar la certificación debe conservarse durante al menos cinco años.
Ante este escenario, las empresas importadoras y exportadoras deberán pasar de un modelo reactivo a uno preventivo, mediante el mapeo de proveedores y componentes, la actualización de certificaciones de origen, la revisión de clasificaciones arancelarias, la documentación de cambios en materiales y procesos productivos y el establecimiento de controles periódicos que permitan identificar cualquier modificación que pueda afectar el origen de una mercancía.
La revisión del Tratado Comercial trilateral está haciendo que las reglas de origen dejen de ser un asunto exclusivo de los departamentos de comercio exterior y aduanas. Su impacto alcanza áreas como compras, producción, logística, finanzas y desarrollo de proveedores, debido a que una modificación en el origen de un componente puede repercutir directamente en el costo final de exportación.
Para Livingston International, el desafío consiste en incorporar el cumplimiento desde el diseño de la cadena de suministro y no únicamente cuando la mercancía está lista para exportarse.
En un entorno donde México mantiene una profunda integración comercial con Estados Unidos, conocer de dónde proviene cada componente, cómo se transforma dentro de la cadena productiva y contar con evidencia suficiente para demostrarlo puede convertirse en un factor determinante para conservar los beneficios del T-MEC y mantener la competitividad de las exportaciones mexicanas.

