El Autódromo Hermanos Rodríguez pieza clave en los 60 años de la Formula 1 en México

Cuando la Formula 1 llegó a México en 1962, el Autódromo de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca tenía casi tres años de inaugurado. Construido para beneplácito de los amantes de la velocidad que añoraban el paso de La Carrera Panamericana – que ya había sido cancelada para ese entonces–, el trazado cubrió la creciente necesidad de competencias automovilísticas.

Para que el hoy Autódromo Ricardo y Pedro Rodríguez, comúnmente llamado Autódromo Hermanos Rodríguez, cobrase vida fue necesario que se dieran una serie de sucesos que parecerían poco probables.

Así, la inspiración que brindó el proyecto de tesis para la UNAM del ingeniero civil Óscar Fernández Gómez Daza, la pasión por las carreras de autos del presidente Adolfo López Mateos, la rigidez del regente del entonces Distrito Federal, Ernesto Uruchurtu, la supervisión del ex director de la Secretaría de Obras Públicas capitalino, Gilberto Valenzuela, y una larga lista de ingredientes más, dieron como resultado el autódromo capitalino.

Inspirado en algunos de los trazados más importantes en Europa –aún se puede ver la similitud con Monza–, hoy el Autódromo Hermanos Rodríguez tiene su propia historia llena de anécdotas, emociones, triunfos, fracasos, tragedias e instantes legendarios que lo convierten no sólo en la catedral del automovilismo mexicano sino incluso de toda Latinoamérica.

El trazado inaugural (que disputó la primera carrera con autos Formula 1 en 1962) tenía una longitud de 5 kilómetros y, a lo largo de seis décadas, ha tenido distintas longitudes y configuraciones. Actualmente es de 4.304 kilómetros para el Formula 1 Gran Premio de la Ciudad de México 2022 Presentado por Heineken.

La recta de más de un kilómetro es uno de los sellos especiales del autódromo y, al final de ésta, se encuentra una curva a la derecha, la curva número 1, anteriormente llamada “Moisés Solana” en honor al piloto-pelotari. Posteriormente, se reconoció a las curvas 1, 2 y 3 como el “Complejo Moisés Solana”, en donde se encontraba la “espiral” (una curva de radio decreciente).

La recta entre las curvas 3 y 4, llamada “Recta Jim Clark”, rinde tributo al primer ganador del Gran Premio de México, tanto en la carrera no puntuable de 1962 como en la primera dentro del campeonato oficial en 1963. Clark, además, sumó un tercer triunfo en la pista de la capital en 1967.

La curva 4 fue llamada “la presidencial”, ya que las crónicas de aquella época señalan que ahí Adolfo López Mateos tenía un garaje privado para sus autos, desde donde salía para recorrer personalmente la pista.

Una de las zonas más recordadas del viejo primer circuito es la “horquilla”, que se encontraba como extensión a lo que hoy se conoce como curva 6 (“Recorte Rebaque”). La “horquilla” extendía el autódromo en una alargada “U” que obligaba a los pilotos a bajar, incluso, hasta primera velocidad, y que era un deleite para los fotógrafos de la época, que caminaban por un pequeño talud que dividía el “ida y vuelta”, y les permitía tomas espectaculares de los autos y habitáculos.

El arquitecto Manuel “Chacho” Medina fue el encargado de realizar las modificaciones a la pista para volver a albergar el México GP en 1986, después de 16 años de ausencia. Con las modificaciones realizadas, donde se recortaron las curvas intermedias, se dejó de usar la “horquilla” y la temible curva peraltada cambió de 13 a 8.5 grados de peralte; también vinieron nuevos nombres a partes de la pista.

La curva 6 fue renombrada en honor a Héctor Alonso Rebaque, piloto mexicano que compitió en la Formula 1 de 1977 a 1981 y que obtuvo puntos en tres de esas cuatro campañas.

Más adelante se encontraba la mítica y peligrosa curva peraltada. Protagonista desde el primer Gran Premio al ser el sitio en el cual se suscitó el trágico accidente que arrebató la vida de Ricardo Rodríguez. La peraltada fue el sello del autódromo por décadas, incomodando al propio Ayrton Senna y también mostrando el talento y valor de Nigel Mansell.

La entrada al Foro Sol y el recorte a media curva peraltada, fueron los cambios más sobresalientes de la modificación que realizó Christian Epp con la firma alemana Tilke, para tener el tercer regreso de la Formula 1 a México en 2015.

En esta nueva configuración del trazado, la curva 12 fue nombrada “Adrián Fernández” en honor al máximo ídolo mexicano de finales del siglo XX e inicios del XXI. Mientras que la curva 17 fue bautizada como la curva “Nigel Mansell”, por aquel intrépido rebase exterior que protagonizó en el México GP de 1990.

Estos nombres en el Autódromo Hermanos Rodríguez perduran hasta hoy en día, como un homenaje a la historia de la carrera que tendrá un nuevo capítulo del 28 al 30 de octubre, cuando se realice el Formula 1 Gran Premio de la Ciudad de México 2022 Presentado por Heineken.