Avatar: The way of the water (Avatar: El camino del agua).

Por Juan Carlos Manrique

Los años han pasado desde la guerra entre humanos y los na’vi, en la luna de Pandora, del planeta Polifemo, en aquella ocasión se conoció al poderoso clan de los bosques, los Omaticaya; Jake, un soldado se unió a ellos pese a ser un humano, aunque prefirió dejar su pasado atrás y ser un na’vi avatar. Junto a Neytiri formaron una familia, ahora todo es tranquilidad y finalmente reina la paz, hay una amistad entre pocas personas que son leales a los lugareños, entre ellos un pequeño niño apodado “Spider”, hijo del sádico coronel Miles Quaritch (quien pereció en la guerra). Hasta que de nueva cuenta la gente de las estrellas regresan a Pandora para colonizarla, utilizando armamento y naves poderosas; creando destrozos, arrasando todo a su paso. Para tratar de proteger a su clan, Jake y Neytiri, así como sus tres hijos Neteyam, Lo’ak, la pequeña Tuk, junto a Kiri hija de la doctora Grace, quien nació de manera misteriosa con aspecto de na’vi, huyen para buscar un refugio en las tierras de los arrecifes. Todo esto debido a que en uno de los ataques, el clon avatar na’vi del coronel secuestra a Spider y éste sabe todo acerca de los Omaticaya.

Después de una larga travesía, Jake y su familia llegan a los dominios del clan acuático, conocido como los Metkayina, que son diferentes a los otros na’vi, estos tienen más un aspecto de anfibios, tanto su piel, sus manos y colas están adaptados para nadar o bucear, están en contacto con la naturaleza y todo el ambiente submarino, poco a poco tendrán que adaptarse a sus costumbres y relacionarse con la flora, fauna y el agua. Pese a tener algunas dificultades con algunos miembros de la comunidad poco a poco son aceptados y como era de esperarse toda es tranquilidad y armonía se ve interrumpida por el coronel, quien rastrea a Jake y éste no permitirá que su familia o su nuevo clan sea violentado una vez más.

Después de 13 años de ausencia, los mismos que tardó en perfeccionar las cámaras y todos los efectos que quería mostrar en pantalla; finalmente James Cameron hace su regreso al cine con la esperada secuela de Avatar, aquel filme estrenado mundialmente el 18 de diciembre de 2009. En esta nueva entrega de la saga pactada para cinco filmes, se nos muestra qué sucedió con los personajes de Jake Sully (Sam Worthington), Neytiri (Zoe Saldana), el coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) quien regresa de una forma interesante para la trama y destaca la participación de la célebre actriz Sigourney Weaver, quien interpreta a dos personajes, la ya conocida “Doctora Grace Augustine” y por primera vez a “Kiri” su hija con la forma de una na’vi. Russell Carpintero realiza una sensacional dirección de fotografía, no sólo retoma lo mostrado con anterioridad, toda esa parte boscosa, ahora le da una amplitud a la luna de Pandora al ver ese mundo acuático del que Cameron siempre ha sido fan, desde Piraña 2; aquel fallido debut cinematográfico del que por cierto lo despidieron; tiene algunas referencias a tres de sus películas hay guiños hacia “El secreto del abismo” de 1989 donde experimentó con los efectos digitales y las cámaras acuáticas, por eso que haya destacado de todas las películas que en ese año se estrenaron sobre monstruos y situaciones submarinas. No podía faltar la grandiosa “Aliens” de 1986 con todo el despliegue militar, los combates, así como aquella escena donde “Ripley” utiliza un robot montacargas. Hay toda una secuencia de acción que recuerda a la multipremiada “Titanic” de 1997. Es una película preciosista, pero la trama se ha visto una y otra vez tal como sucedió en Wakanda forever donde una especie o tribu se conoce, se muestra la belleza, así como algunos de los secretos de su entorno, hay fricciones y así se podría ejemplificar mucho más; por otra parte también recuerda un poco a lo sucedido en La princesa Mononoke donde el príncipe Ashitaka es enviado al exilio y degradado de su título nobiliario para no perjudicar a su clan. En su momento Avatar rompió todos los récords de taquilla a nivel mundial, ya veremos qué sucede en esta ocasión.