Indiana Jones enfrenta su último desafío

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Harrison Ford se despide del personaje que lo catapultó al éxito en Indiana Jones y el dial del destino. Para esta quinta aventura, un Indy de 70 años (o más) sale del exilio como buscador de reliquias para ayudar a su ahijada, Helena (Phoebe Waller-Bridge), quien se encuentra en problemas debido a su ambición por hallar artefactos arqueológicos que pudieran ser muy costosos. El filme se desarrolla en la década de los sesenta bajo la dirección de James Mangold, tomando la estafeta que le dio Steven Spielberg, director de las cuatro entregas anteriores.

 

Destaca sobremanera el uso de la tecnología de rejuvenecimiento para presentar a Ford de unos 40 años de edad, haciéndonos recordar sus mejores momentos como Indiana Jones. El acto de apertura de la cinta es explosivo, cercano a un homenaje a las primeras historias del arqueólogo, Cazadores del Arca Perdida y El templo de la perdición. Mads Mikkelsen encarna al Dr. Vogell, el villano que rivalizará con Indy para quedarse con el misterioso Dial del destino. El problema de la película es que resulta intrascendente, tan o menos interesante que El reino de la calavera de cristal, ya que comete el mismo error de su antecesora, condimentando la ciencia ficción con la acción, en lugar de respetar el misticismo propuesto por su creador, George Lucas, y de Spielberg, el dúo dinámico que posicionó a Indiana como un icono cinematográfico. Además, es inevitable suspirar de nostalgia al ver a Harrison muy veterano, alejado del Jones que todos amamos, al grado que Helena, es su auxiliar para soltar guamazos, ya que presenciamos la fragilidad del héroe por el tema de la vejez.

 

Igualmente, Indiana Jones y el dial del destino se extravía en la gran cantidad de personajes secundarios y hasta de tercera fila que intervienen en la historia para ayudar a Indy en su verdadera última cruzada. Personajes como Teddy (Ethann Isidore), Renaldo (Antonio Banderas), no resultan interesantes, como lo fue Rapaz (Ke Huy Quan) en El templo de la perdición o Henry Jones padre (Sean Connery), convirtiéndose en caracteres olvidables. Si bien hay un par de cameos del Universo Indiana, pocas sorpresas deparan a la audiencia. La mano de Mangold se percibe sin duda alguna, recordándonos un poco la nostalgia de Logan, en la que supuestamente Hugh Jackman se despidió de su rol del súper-héroe, Wolverine. Más aterrizado y realista, el filme es efectivo en los temas que le interesan a Mangold pero está desprovisto de las ocurrencias spielbergianas y el toque de comedia que fascinó al mundo en las tres primeras producciones. De hecho, la escena final es un duro adiós al personaje aunque no descartemos que en pocos años Disney y Lucas Films decidan crear un reboot.

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