Inclusión financiera de la mujer y más negocios para entidades financieras en México gracias a la automatización en Latam

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Las cadenas de valor financiero en Latinoamérica han experimentado un auge significativo en los últimos años, impulsando el crecimiento y la participación en la economía. Sin embargo, mientras celebramos estos logros, aún está presente la inequidad de género en el acceso a productos y servicios financieros. Esto lo demuestra el más reciente Índice de Inclusión Financiera (IIF por Credicorp e Ipsos), donde se señaló que tan solo el 21% de las latinoamericanas se encuentra en un nivel “logrado” u “óptimo” de inclusión financiera.

Este análisis se realiza a través de tres dimensiones evaluadas: diversidad de productos y servicios financieros, un uso intensivo del sistema financiero formal y una evaluación positiva de las entidades del sector, como los bancos. En el caso de Colombia, el informe señala que ocupa el cuarto lugar en cuanto a la inclusión financiera para mujeres con un 23%, luego le siguen México (22%), Perú (14%) y Bolivia (11%). Esta brecha representa un costo de oportunidad en el mercado financiero, ya que según un informe de Ernst & Young, para 2028 las mujeres controlarán el 75% del gasto discrecional de los consumidores en todo el mundo.

«Bajo ese panorama, la tecnología en general, y la automatización en particular, son piezas fundamentales a la hora de impulsar la inclusión y posterior evolución financiera de las mujeres en México y Latinoamérica, ya que ayudan a eliminar barreras y agilizan procesos al momento de la evaluación crediticia, proporcionando acceso al crédito sin subjetividades humanas y con mayor rapidez. La transformación tecnológica es un paso crucial para construir un ecosistema financiero más inclusivo y equitativo porque permite visibilizar oportunidades de negocios en segmentos donde antes no se prestaba atención por no contar con las herramientas suficientes que eliminen los sesgos”, asegura Marina Mero, CMO de uFlow, compañía de tecnología aplicada al mercado financiero que desarrolló un motor de decisiones 100% web, cloud y NoCode enfocado en automatizar los procesos de evaluación crediticia de las empresas financieras en Latam.

Un análisis realizado por esta compañía tech a través de diferentes informes ha demostrado que aún persisten grandes desafíos en la brecha de género de productos financieros. Por ejemplo, según un informe reciente realizado por BID INVEST y CCX, donde se encuestó a 240 instituciones financieras en 13 países de Latam, la brecha crediticia de las mujeres en la región asciende a 86 mil millones de dólares, siendo uno de los más altos del mundo.

En México, según el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujer), el 31.7% de las mujeres entre 18 y 70 años de edad tiene al menos un crédito, pero ello no significa que esté cubierta de manera universal su inclusión financiera o que ellas mismas se consideren dentro del mercado financiero.

«Ahora, si profundizamos en el segmento de las mujeres, descubrimos que aquellas que pertenecen a pueblos originarios o viven en sectores rurales, enfrentan obstáculos aún mayores para acceder a la economía formal y sus productos, porque incluso muchas veces ni siquiera cuentan con la documentación necesaria para lograr solicitar algún producto financiero. Estas barreras, que abarcan el género como limitante fundamental, se suman a los factores económicos, educativos, culturales y sociales, que contribuyen a una brecha enorme de género», señaló Mero.

Otro de los grandes problemas que existen en la región es la falta de oportunidades laborales y la informalidad, factores que influyen en las oportunidades de acceso a productos financieros. No obstante, y comparando números de la región, en Perú, por ejemplo, el 76.3% de las mujeres trabajan desde la informalidad, lo que limita su potencial de ingresos y dificulta aún más su acceso a la financiación. En Colombia, esta cifra supera el 52.8%, y en México es muy similar, alcanzando el 53.32% de la población.

Por otro lado, la desigualdad en el acceso a créditos para empresas lideradas por mujeres también es una problemática. Un caso de ello, lo destaca la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) de México, quien encontró que el porcentaje de acceso a financiamiento que obtienen los negocios liderados por hombres con respecto a los obtenidos por micro y pequeñas empresas de mujeres, es del 38 y 40%, respectivamente. Además, solo el 8% y el 11% de estas últimas lograron obtenerlo.

En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2021 del Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI), solamente el 10.5% de las mujeres entre 18 y 70 años cuentan con un crédito personal, y el 3.9% con un crédito automotriz. Pero va más allá, pues sólo el 1.4% cuenta con un préstamo contratado por internet o aplicación.

«En la actualidad, la recopilación de información sobre la solvencia o el comportamiento crediticio de los clientes sin enfoque de género ya no es suficiente. Es imprescindible que desde las esferas públicas y privadas se visibilice la brecha de género en el acceso al crédito», asegura la CMO de uFlow.

Al emplear análisis de datos alternativos, implementar motores de automatización de decisiones, y modelos de inteligencia artificial, las empresas financieras pueden evaluar la solvencia crediticia de mujeres sin historial crediticio formal de manera más ágil y sin subjetividad humana. Además, se vuelve posible crear productos financieros personalizados adaptados a las necesidades específicas de las mujeres, representando más oportunidades de negocios para el mercado financiero.

«Los motores de decisiones ofrecen una oportunidad única para transformar el panorama de la inclusión financiera en Latam, permitiendo a las instituciones financieras automatizar y hacer más eficientes y rápidos sus procesos de evaluación crediticia. En otras palabras, con unas buenas políticas de crédito que incluyan a los segmentos no bancarizados mediante la incorporación de fuentes alternativas de datos que muestren historial crediticio de las mujeres en retails u otras entidades financieras no bancarias, que implementadas en una poderosa y flexible herramienta, se podrían ofrecer productos personalizados y acordes a las necesidades y capacidad de pago de las mujeres», agrega Marina Mero.

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