Ecosistema de inteligencia operativa impulsado por IA ayuda a las organizaciones a eficientar procesos
En un entorno donde la eficacia operativa es una necesidad crítica para muchas empresas de talla mediana, el principal reto no siempre es visible: son esas pérdidas silenciosas que erosionan productividad, tiempo y margen operativo.
De acuerdo con datos de Ankura, la Eficacia General de los Equipos (OEE, por sus siglas en inglés) en empresas manufactureras medianas de Estados Unidos suele mantenerse entre 60% y 65%, muy por debajo del nivel considerado de clase mundial, cercano al 85%.
Además, cuando las organizaciones implementan sistemas de medición automatizada y continua, el indicador real suele disminuir entre 10% y 25% adicionales, al hacer visibles ineficiencias, tiempos muertos y pérdidas operativas que anteriormente no se registraban ni cuantificaban.
En México el panorama no es muy alentador, pues se encuentra por debajo de los porcentajes de las empresas medianas de Estados Unidos. El rezago en los niveles de OEE no responde únicamente a una falta de inversión tecnológica, sino principalmente a una brecha de conocimiento organizacional.
Y es que muchas compañías carecen de mecanismos estructurados para capturar, documentar y transferir el conocimiento acumulado por operadores, supervisores y técnicos, lo que provoca que información crítica sobre procesos, fallas recurrentes y oportunidades de mejora permanezca dispersa o se pierda con la rotación de personal, limitando la capacidad de la organización para impulsar mejoras sostenidas en productividad y eficiencia.
Frente a este panorama, Ankura desarrolló un ecosistema de inteligencia operativa impulsado por inteligencia artificial (IA) que permite digitalizar completamente el piso de producción. Con estas adecuaciones los operadores pueden comenzar a registrar incidentes, paros y cambios de producto en tiempo real mediante información recabada por iPads industriales conectados de forma segura a la nube corporativa, eliminando procesos manuales y reduciendo tiempos de reporte.
Al mismo tiempo, se incorporan cámaras de visión computacional en puntos clave de las líneas de producción. Esta tecnología permite detectar microparos, desviaciones mínimas de velocidad y problemas de flujo de materiales que antes eran prácticamente invisibles para la operación diaria.
Toda esa información alimenta un motor central de inteligencia artificial capaz de identificar patrones, correlaciones y causas raíz. El resultado es una operación con mayor visibilidad, mejor capacidad de respuesta y decisiones mucho más precisas basadas en datos en tiempo real.
Como ejemplo de estos procesos; un fabricante de bienes de consumo empaquetados (CPG) enfrentaba una problemática silenciosa pero costosa: paros no planeados en líneas de producción que consumían entre el 8% y el 12% de su tiempo operativo.
Los problemas tardaban demasiado en detectarse ya que gran parte de la información se registraba manualmente en papel y no existía visibilidad real sobre las causas que originaban defectos o interrupciones recurrentes.
«La combinación de OEE e inteligencia artificial es hoy una de las palancas más poderosas para liberar capacidad sin invertir en activos. No se trata de reemplazar al operador, sino de darle visibilidad en tiempo real sobre dónde se está fugando el valor», aseveró Horacio Gómez, Senior Managing de Ankura México.
Ankura como un aliado estratégico es capaz de combinar experiencia operativa de alto nivel con herramientas avanzadas de Inteligencia Artificial, ayudando a las organizaciones a transformar información dispersa en decisiones concretas y resultados medibles.
La metodología de Ankura se integra a la operación de las empresas para detectar y resolver ineficiencias, y se basa en tres pilares clave.
El primero es un diagnóstico profundo de la operación analizando no sólo datos estructurados, sino también información no documentada y el conocimiento operativo acumulado por los equipos. Después, se construye una estrategia clara y aterrizada al negocio con el objetivo de priorizar acciones con impacto financiero tangible, estableciendo metas medibles y sostenibles en función de las necesidades. Finalmente, acompaña la ejecución de la mano con los equipos directivos y operativos. La meta no es únicamente corregir problemas inmediatos, sino fortalecer capacidades internas, optimizar recursos y construir operaciones más resilientes hacia el futuro.
Para Horacio Gómez este tipo de proyectos no se entienden como relaciones transaccionales, sino como alianzas de largo plazo. El enfoque parte de una idea simple: el éxito de Ankura depende directamente del éxito de sus clientes.
Con una combinación flexible de trabajo presencial en planta y capacidades avanzadas de análisis remoto, Ankura adapta cada intervención a las necesidades operativas y financieras de las organizaciones. Esta visión integral le permite abordar desafíos complejos a lo largo de toda la cadena de valor, desde manufactura, logística y compras, hasta operaciones comerciales, finanzas, marketing digital y optimización del talento, demostrando que la verdadera rentabilidad no depende únicamente de producir más, sino de comprender y gestionar mejor cómo opera cada negocio.

