Moenia hace historia

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Por Jacobo Arana

La historia del synth-pop en México escribió uno de sus capítulos más entrañables y esperados. Tras tres décadas de trayectoria, Alfonso Pichardo, Jorge Soto y Alex “Midi” Ortega conquistaron por fin y por primera vez en solitario el Domo de Cobre, logrando un rotundo sold out que reunió a miles de almas dispuestas a rendirse ante los sintetizadores.

El viaje por tres décadas de éxitos

Desde los primeros beats, el concierto dejó claro que no se trataba de un show cualquiera, sino de una celebración generacional. El repertorio fue un recorrido quirúrgico por sus 30 años de carrera, fusionando la nostalgia de los noventa y dosmiles con la frescura de su etapa más reciente (Temporal).

Temas indispensables como “Morir tres veces”, “No dices más” y la siempre eufórica adaptación de “Ni tú ni nadie” hicieron vibrar cada rincón del recinto. Uno de los momentos más mágicos de la noche ocurrió cuando sonó “Manto estelar”; con las luces de los celulares iluminando el domo simularon una bóveda celeste perfecta, convirtiendo el coro masivo en un ritual colectivo de conexión pura con los fans.

Invitados de lujo y sorpresas en el escenario

La noche estuvo llena de grandes cómplices musicales que elevaron la energía del evento: María José (La Josa) aportó su potencia vocal y complicidad en el escenario, reafirmando los lazos con la banda.

Gil Cerezo se sumó para interpretar duetos memorables.

Participaciones especiales como la de Paty Cantú en “Estamos bien” y momentos vibrantes a cargo de proyectos invitados como Los Wookies (quienes encendieron los ánimos con un cover al clásico “Blue Monday” de New Order) redondearon una velada sumamente dinámica.

En lo visual y sonoro, Mœnia demostró por qué se mantiene en la élite del espectáculo nacional. Con una propuesta lumínica vanguardista, pantallas inmersivas y una calidad de audio impecable, el trío logró que un recinto tan masivo e imponente se sintiera, por momentos, íntimo y profundamente emocional.

Más de dos horas y media de concierto, dos regresos al escenario impulsados por los gritos ensordecedores del público y una entrega total marcaron esta «primera vez» de Mœnia en el Palacio de los Deportes. Fue una noche donde las rodillas cansadas importaron poco ante la urgencia de bailar, cantar y celebrar la vigencia de un sonido electrónico hecho en México que se niega a envejecer.

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