‘La Salud Mental No Existe, La Salud, Sí’, entrevista con el Dr. José Luis Marín
Ansiedad, insomnio, cansancio, dolores recurrentes, tristeza, estrés… ¿Hasta qué punto podemos entender lo que nos ocurre mirando únicamente a la mente o al cuerpo?
En La salud mental no existe. La salud, sí. Cómo integrar cuerpo y mente para vivir mejor , el médico psicoterapeuta José Luis Marín plantea una idea provocadora: durante décadas hemos hablado de “salud física” y “salud mental” como si fueran dos territorios independientes, cuando nuestra biología, emociones, historia personal y entorno social están profundamente relacionados.
“No hay lugar para un cerebro lúcido en un cuerpo agotado ni para una vida en calma en una sociedad enferma.”
A partir de su experiencia clínica, Marín invita a revisar la manera en que entendemos y atendemos el malestar. Su planteamiento no niega la existencia del sufrimiento psicológico ni de los trastornos mentales; cuestiona la tendencia a aislar los síntomas de la persona y del contexto en el que aparecen.
El autor recorre también algunos de los grandes cambios de la psiquiatría contemporánea: desde el auge de las explicaciones biologicistas en la década de 1970 y la popularización de teorías centradas en la serotonina, hasta lo que describe como una creciente psiquiatrización de la vida cotidiana.
¿Estamos medicalizando el malestar cotidiano?
Esta es una de las preguntas centrales del libro. Marín propone observar no solamente qué síntoma tiene una persona, sino también qué le ha ocurrido, cómo vive, qué siente y cuál es su contexto.
Su propuesta supone cambiar la pregunta de “¿qué enfermedad tiene?” por una más amplia: “¿qué le está pasando a esta persona?”
“No hay enfermedades, solo enfermos. Y cada enfermo es una historia que une el cuerpo con la emoción, la biografía y el mundo. Cuando olvidamos eso, la medicina deja de curar para empezar a reparar piezas”, sostiene el autor.
Así, La salud mental no existe. La salud, sí abre una conversación especialmente relevante en un momento en el que palabras como ansiedad, depresión, trauma, estrés o burnout forman parte del lenguaje cotidiano: ¿estamos comprendiendo mejor nuestro malestar o corremos también el riesgo de convertir cualquier experiencia difícil de la vida en un diagnóstico?
En entrevista exclusiva el autor comentó:


