Regreso a clases: preparar la mochila también es preparar las emociones

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El próximo 31 de agosto comenzará el ciclo escolar 2026-2027. Además de uniformes y útiles, las familias pueden ayudar a niñas y niños a recuperar sus rutinas y prepararse emocionalmente para volver a la escuela.

Después de varias semanas de vacaciones, regresar a clases implica mucho más que volver a levantarse temprano. Para niñas y niños significa recuperar horarios, separarse nuevamente de sus padres, reencontrarse con compañeros y maestros y retomar responsabilidades.

Por eso, los últimos días antes del regreso pueden ser un buen momento para comenzar a recuperar poco a poco la rutina, pero también para hablar sobre cómo se sienten ante el nuevo ciclo escolar.

Regresar poco a poco

Durante las vacaciones es normal que cambien los horarios de sueño, alimentación y actividades. Pretender que los niños vuelvan de inmediato al horario escolar puede hacer que los primeros días sean más difíciles.

Una buena alternativa es adelantar gradualmente la hora de dormir y despertar, establecer nuevamente horarios para las comidas y disminuir poco a poco el tiempo frente a pantallas.

También puede involucrarse a los niños en los preparativos: revisar los útiles, organizar la mochila o elegir la ropa para el primer día. Estas actividades ayudan a anticipar el cambio y pueden hacer que el regreso se sienta menos abrupto.

Escuchar antes de tranquilizar

No todos los niños viven el regreso a clases de la misma manera. Algunos estarán emocionados por volver a ver a sus amigos; otros pueden sentir nervios, miedo o incluso tristeza por terminar las vacaciones.

“Es importante escuchar lo que el regreso a clases significa para cada niño. No debemos minimizar sus preocupaciones ni decirles cómo deberían sentirse; necesitan saber que pueden expresar sus temores y que habrá un adulto dispuesto a acompañarlos”, señala la Dra. Delia Hinojosa, miembro de Psicointegra así como especialista en niños y adolescentes.

Preguntarles qué esperan del nuevo ciclo, qué les emociona y si existe algo que les preocupe puede abrir un espacio de confianza. No siempre será necesario tener una respuesta inmediata. En ocasiones, sentirse escuchados es el primer paso para afrontar una preocupación.

También es importante estar atentos a los miedos o preocupaciones que pueden surgir alrededor del regreso a clases. Algunos pueden desaparecer conforme niñas y niños recuperan la rutina y comprueban que la vuelta a la escuela no representa aquello que anticipaban. Sin embargo, cuando el miedo persiste, se intensifica, interfiere con sus actividades cotidianas o dificulta su asistencia a la escuela, puede ser necesario buscar atención especializada. Observar estos cambios sin minimizar lo que sienten permite identificar cuándo necesitan un acompañamiento adicional.

Evitar transmitirles nuestra ansiedad

El regreso a clases también puede representar una etapa de estrés para los padres. Comprar útiles, organizar horarios y retomar las actividades cotidianas puede convertirse en una carrera contra el tiempo.

Sin embargo, los niños perciben las emociones de los adultos. Por eso, es conveniente evitar presentar el regreso como una sucesión de problemas o responsabilidades.

En lugar de hablar únicamente de tareas, horarios y calificaciones, los padres pueden recordarles que la escuela también significa reencontrarse con amigos, aprender cosas nuevas y vivir experiencias diferentes.

Los primeros días requieren paciencia

Es posible que durante los primeros días algunos niños estén más cansados, irritables o sensibles. Recuperar una rutina después de las vacaciones requiere tiempo y cada niño puede adaptarse a un ritmo diferente.

Mantener horarios de sueño regulares, procurar momentos de descanso y conservar espacios para jugar y convivir en familia puede facilitar la transición.

También es importante observar cómo evoluciona su estado de ánimo. Si un niño manifiesta constantemente miedo, tristeza o rechazo hacia la escuela, conviene escucharlo con atención y tratar de conocer qué está provocando esas emociones.

Un nuevo ciclo, una nueva oportunidad

El inicio de clases puede ser también una oportunidad para fomentar la autonomía de niñas y niños. Preparar sus cosas, organizar parte de sus actividades y participar en pequeñas decisiones relacionadas con la escuela les permite sentirse capaces y participar activamente en esta nueva etapa.

Más que buscar que el primer día sea perfecto, el objetivo es que los niños sepan que pueden recurrir a sus padres cuando algo les preocupa.

“El acompañamiento de los adultos permite que los niños recuperen poco a poco la seguridad frente a los cambios. No necesitan que les resolvamos todo, sino sentir que no están solos frente a lo que les genera incertidumbre”, agrega la Dra. Hinojosa.

El regreso a clases, entonces, comienza antes de entrar al salón. Preparar la mochila, recuperar los horarios y comprar los útiles es importante, pero también lo es preparar un espacio para escuchar y acompañar las emociones de los niños.

Porque un buen regreso a clases no significa que no existan nervios o preocupaciones, sino que niñas y niños sepan que cuentan con alguien que los escucha y los acompaña en el camino.

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