Un esfuerzo al 110%, el legado de nuestros abuelos
Para muchos abuelos/as, el cariño se expresaba sin grandes declaraciones: en un plato servido, una llamada para saber si habías llegado bien o una tarde compartida frente al televisor. Algunos eran cariñosos y expresivos; otros parecían más reservados. Pero incluso cuando no les resultaba fácil decir “te quiero”, encontraban otras maneras de hacerlo. Así aprendieron a hablar el lenguaje de las acciones.

El idioma de los cuidados
Para tu abuelo/a, decirte “te quiero” podía significar preparar tu platillo favorito, insistir en que llevaras un suéter, guardarte comida o prepararte un caldo cuando estabas enfermo. Frases como “avísame cuando llegues”, “ten cuidado” o “¿ya comiste?” querían decir, en realidad: me importas, pienso en ti y quiero que estés bien.
También podía ser esperarte despierto, acompañarte en silencio o intentar darte un billete aunque supiera que no lo necesitabas. Eran gestos sencillos que, repetidos a lo largo de los años, se convertían en una forma constante de estar presente.
Cuando el partido era un ritual
El cariño también podía aparecer frente al televisor, durante una tarde de futbol, futbol americano o un domingo de Super Bowl. Tu abuelo/a te explicaba una jugada aunque ya la entendieras, comentaba la estrategia o te enseñaba a apoyar a su equipo incluso en las malas temporadas. Tal vez no era muy expresivo, pero hacía espacio a su lado y se aseguraba de que no faltara algo de comer.
Si el partido era de la NFL, aprovechaba las pausas para explicarte una regla, un castigo del árbitro o la razón por la que se detenía el reloj. Para ti podía ser un domingo cualquiera, pero ahí aprendías sus rituales: preparar la botana, discutir una jugada y no cambiar de canal durante la pausa de los dos minutos. Con el tiempo, ese deporte se volvía un poco tuyo por todo lo que significaba compartir su pasión.
Lo que enseñan las derrotas
También estaban las tardes en las que el equipo perdía. Quizá tu abuelo/a apagaba la televisión con resignación, decía que “así es el juego” y comenzaba a hablar de la próxima temporada. Sin darse cuenta, convertía la derrota en una lección: no siempre se gana, pero siempre se puede volver a intentar.
Entre comentarios sobre una mala jugada y recuerdos de otros partidos, te enseñaba sobre la paciencia, la perseverancia y la importancia de permanecer cerca incluso cuando las cosas no salen como esperas. Quizá ahora entiendes que no hablaba únicamente del deporte. También hablaba de la vida.
El amor por el equipo heredado
No siempre eliges un equipo desde cero: a veces lo recibes como parte de tu historia familiar. Sus colores aparecen en fotografías, conversaciones y recuerdos antes de que entiendas sus rivalidades; por eso, con el tiempo, apoyarlo puede convertirse en una decisión propia y, a la vez, en una forma de conservar un vínculo. El equipo deja de ser solo una afición heredada y se vuelve parte de tu identidad.
Si tu abuelo/a te dejó un jersey, no tienes que guardarlo como una pieza intocable. Puedes llevarlo con jeans rectos y tenis, sobre una camiseta lisa, o combinarlo con pantalones sastre, una falda y botas para contrastar su carácter deportivo con prendas actuales.
Tu estilo se convierte en una forma de llevar esa herencia al presente. Cada vez que usas el jersey, mantienes viva la historia de tu abuelo/a y le das una nueva expresión a través de tu manera de vestir. La historia continúa contigo y encuentra una forma distinta en cada look.
Compartir hoy, recordar siempre
Reconocer estas formas de cariño permite entender que el afecto se expresa de distintas maneras: a través de los cuidados, la compañía, las palabras y los espacios de conexión.
Si tu abuelo/a todavía está contigo, el inicio de la temporada 2026 de la NFL puede ser un buen pretexto para recuperar uno de sus rituales: prepara algo de comer, siéntate a su lado y deja que la conversación fluya. Quizá entre una ofensiva y otra surja aquello que tantas veces dejaron para después; y, si no, compartir el silencio frente a la pantalla también será una forma de cercanía.
Si tu abuelo/a ya no está, ver jugar a su equipo, preparar la botana que nunca faltaba o recordar la emoción con la que seguía cada encuentro puede ser una manera de honrarlo. Tal vez hoy repites alguna de sus costumbres sin darte cuenta: preguntar si alguien ya llegó, llevarte un suéter aunque no haga frío o disfrutar un partido con quienes quieres.
Algunos abuelos/as nunca pronuncian un “te quiero” con facilidad, pero lo dicen al cuidar, esperar y compartir. Si todavía puedes decírselo, hazlo; si ya no, puedes reconocerlo en cada recuerdo que permanece.

