Entra Cumberbatch a un «multiverso adictivo»

El reconocido director, Sam Raimi, vuelve a Marvel con “Doctor Strange: El multiverso de la locura”, luego de haber dirigido la primera trilogía de “Spider-Man (2002-2007). Con su sello personal, el nativo de Michigan imprime una dosis de horror a esta nueva aventura de los súper-héroes marvelitas. Regresa en el rol protagónico, Benedict Cumberbatch, dando vida a “Stephen Strange”, el ex hechicero supremo, quien luego de los eventos de “Spider-Man: No way home”, debe seguir lidiando con la apertura de los multiversos y la intromisión de entidades de diversos puntos de este cosmos infinito. Así, la historia inicia con una batalla entre “Wong” (Benedict Wong) y “Dr. Strange” contra una especie de monstruo “lovecraftiano”, pulposo y tentacular, enviado para capturar a “América Chávez” (Xóchitl Gómez), una adolescente con la habilidad para viajar entre dimensiones.

 

Pero, ¿quién está detrás de semejante plan? Para buscar ayuda, “Strange” visita a “Wanda” (Elizabeth Olsen), un tanto más aplacada luego de los hechos de “WandaVision”, pero dicho encuentro desatará gran parte de la trama del filme, que cuenta con espectaculares cameos (algunos sacadas de la manga) y la aparición de “Scarlet Witch”, uno de los seres más poderosos del UCM, quien deberá decidir entre usar su magia para el bien o para el mal. Olsen ejecuta su mejor interpretación dentro de esta saga, convirtiéndose en el alfa y omega del guion.

 

Visulamente es una película excelsa, destaca el viaje multiversal que hacen “Dr. Strange” y “América Chávez”, el cual combina espectaculares efectos especiales, que dejan boquiabierto al espectador. Sin embargo, por momentos la cinta va de una situación a otra, incluyendo a personajes del mundillo del buen hechicero, como “Wong”, “Mordo” (Chiwetel Ejiofor) y “Christine” (Rachel McAdams), aunado al debut de “América”, sin olvidar apariciones especiales, doppelgangers, criaturas monstruosas y un largo etcétera que causan cierta estridencia en un espiral de rápidos momentos indigeribles para la audiencia.

 

Raimi acierta con las secuencias de horror, realizando auto-homenajes a cintas anteriores de él, como “Darkman” (1990), ya que ciertos muertos resucitan en descomposición, entrando en dicho estado a la acción, remembrándonos al paladín serie B interpretado por Liam Nesson. Si bien hay situaciones sorpresivas, éstas quedan un poco alejadas del impacto de los tres “Spider-Man” en “No way home”, amén que tal vez el público requerirá de una empapada de los cómics de “Dr. Strange” y de las series de streaming recientes.

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