Guardianes de la Galaxia 3, el adiós de James Gunn de Marvel

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Por fin se estrena Guardianes de la Galaxia Volumen 3, el capítulo final de esta saga de súper-héroes de Marvel. Bajo la dirección de James Gunn, la cinta quiere cerrar con broche de oro la trilogía cósmica protagonizada por Chris Pratt (Star-Lord), Zoe Saldaña (Gamora), Karen Gillian (Nebula), Dave Bautista (Drax), Pom Klementieff (Mantis), Bradley Cooper (Rocket Raccon), Vin Diesel (Groot) y Sean Gunn (Kraglin), para decir adiós a James Gunn como realizador de Marvel-Disney, ya que desde el año pasado es el co-director de DC Studios. El buen «Jaime Pistola» quiso arrojar la casa por la ventana con esta entrega de 150 minutos de duración, en la que se atreve a confeccionar una apuesta arriesgada, la de mezclar la ciencia ficción, la comedia y la concienciación ecológica. Semejante combinación termina de manera incongruente, saturando al espectador con la narrativa y lo visual.

Si bien este subgénero de súper-héroes requiere una inyección de originalidad, como lo propuso en días pasados James Gunn, al mencioinar que se debe incluir más corazón en las historias, Guardianes de la Galaxia 3 se excede en tratar de hallar un propósito en cada secuencia, cayendo en un revoltijo que fomenta la sensibilería con la historia de origen  de Rocket Raccon, un obvio mensaje sobre el maltrato animal (muy loable) que cae en la búsqueda de lágrima fácil y que redunda en lo mismo durante gran parte del filme.

Además, ya sin el amorío entre Star-Lord y Gamora (quien no recuerda nada de su romance con él), Mantis, Nebula y Drax cobran relevancia, por ejemplo, la dinámica entre las hermanas Gamora-Nebula es sustituída por el caótico combo, Nebula-Mantis, el cual no funciona como el dúo femenino original. Evidentemente, y como ya viene siendo costumbre para Marvel Studios, el uso protagónico de los personajes secundarios no interesa tanto a los fans, ya que las interpretaciones lucen forzadas.

En este marco, Gunn logró que Disney le permitiera el uso de algunas palabras altisonantes, lo que tal vez no esperaba Kevin Feige, era la violencia en muchas escenas de acción y mucho menos una pizca de body horror, así que ya lo sabes, si te da un poco de aversión el terror corporal necesitarás cubrirte los ojos por momentos.

Así, con inspiraciones de Dunas, Valerian, Quinto Elemento y hasta Star Wars, Gunn orquesta esta trama, que incluye la presentación de Adam Warlock (Will Poulter), lamentablente, con poca trascendencia en la historia, al igual que un cameo sin chiste de Sylvester Stallone. De igual forma, resulta decepcionante el villano, The High Evolutionary (Chukwudi Iwuji ), que podría palidecer ante el mismísimo Moff Gideon (Giancarlo Esposito) de la serie starwariana, The Mandalorian.

Como le gusta a Gunn, incluye momentos que sacan de onda a la audiencia, en este caso, la situación del body horror y que el malévolo High Evolutionary anhela crear un universo perfecto con seres perfectos, los cuales por cierto, según Guardianes de la Galaxia 3, son un grupo de niñas de aspecto muy ario.

En resumen, la cinta es un coctel que no cuaja en un hilo lógico.

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