Herpes Zóster, un padecimiento con múltiples detonantes

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El virus de la varicela-zoster (VZV) o virus del herpes humano es responsable de la varicela y el herpes zóster (HZ). En adultos, el cambio que se produce en el sistema inmune a causa del envejecimiento natural afecta la inmunidad innata y adaptativa, otros desencadenantes que podrían incrementar el riesgo para desarrollarlo es el estrés emocional o físico y la fatiga extrema, así como otras enfermedades que comprometan el sistema inmune (como el VIH/SIDA o COVID-19) y/o requieran medicamentos que disminuyan la capacidad de respuesta del sistema inmune.1

Después de la aparición del cuadro agudo por herpes zóster, este puede conllevar a diversas complicaciones como: la neuralgia posherpética; inflamación de los vasos sanguíneos cerebrales secundario a la diseminación del virus, así como problemas renales y gastrointestinales, entre otros. 1

Además, la reactivación del virus de la varicela también se ha convertido en un punto importante de discusión durante la pandemia, ya que se ha observado un aumento de casos, de herpes zóster, en pacientes que padecieron COVID-19, principalmente si requirieron hospitalización, esto debido a la afectación sistémica y disminución del sistema inmune que caracteriza la infección por el virus causante del COVID-19.2

Por otro lado, estudios demuestran que los pacientes vacunados con la vacuna recombinante contra herpes zóster tienen un riesgo menor de padecer COVID-19, hasta un 16% y un 32% menos de requerir hospitalización para tratar el cuadro. Esto se debe a que este tipo de vacunas generan en el cuerpo de los pacientes inmunidad cruzada.5

Otros factores de riesgo

De acuerdo con un ensayo de la Clínica Mayo, las mujeres tienen mayores tasas de incidencia para presentar herpes zóster que los hombres,11.79 frente a 10.65 por 1000 años-persona, lo que sugiere que los factores biológicos también pueden ser responsables del aumento en el riesgo.3,4

El origen étnico es otro factor importante, en el caso de las personas de raza blanca aumenta el riesgo de desarrollar herpes zóster en un 50% a diferencia de las personas de raza negra, lo que podría deberse potencialmente a las diferencias en el riesgo genético.3

Los antecedentes familiares son otro factor de riesgo. Tener un pariente de primera línea con antecedentes de herpes zóster aumenta tres veces la posibilidad de padecerlo.

Además, existen otros factores de riesgo que se han relacionado para presentar herpes zóster como: las enfermedades autoinmunes (artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico o enfermedad inflamatoria intestinal), otras comorbilidades (enfermedad renal crónica, EPOC, diabetes mellitus, asma o depresión), las lesiones físicas y el uso de estatinas.3

Los pacientes que han sufrido este padecimiento son más propensos a compartir su experiencia con familiares y son más conscientes de la historia familiar,3 lo que ha ayudado en el estudio de esta afección. Si bien, en cada paciente la enfermedad se presenta de forma diferente existen distintos cuadros clínicos que son atípicos de acuerdo con la presentación o zona del cuerpo donde se manifiesta3, de allí la importancia de conocer y prevenir el herpes zóster para mantener una vida adulta más saludable.

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