CLAYFACE: CUANDO PERDER EL ROSTRO ES PERDER QUIÉN ERES
Por Sunny Cohen
Clayface llegó a la pantalla grande con la etiqueta de ser una película de body horror. Y lo es. Pero reducirla a eso sería un error.
Ciudad Gótica siempre ha sido un lugar donde la justicia no existe. Donde el dinero determina si tu voz será escuchada. Es un lugar donde los villanos no nacen del mal, sino que son la respuesta inevitable a cada injusticia y a cada grito apagado. Y es ahí donde comienza la historia de Matt Hagen, un actor reconocido a quien cada minuto de fama le costó horas de sacrificio.
Si Gótica es salvaje de día, de noche es traicionera.
Una nominación, el reconocimiento que todo actor espera, llevará a Matt Hagen directo a su perdición al conocer a Mía Torres, pareja de Marcos Zavo, un reconocido mafioso nada celoso, pero profundamente territorial, que desfigurará el rostro de Matt sin piedad. No solo destruirá su imagen física y pública, sino que quebrantará su psique por completo.
Y antes de contarte más, debo decir esto con claridad: esta es una de esas pocas películas que vale cada centavo del boleto de cine. Cada detalle fue pensado y estructurado con una precisión obsesiva para que no quede duda de que lo que ves es real. No hay artificio gratuito. Todo tiene un propósito.
El mayor logro de la película está en su elenco. Los actores hacen un trabajo sencillamente excelente. Su inmersión en el personaje es tan absoluta, tan increíble, que como espectador te olvidas del actor. Dejas de ver a Tom Rhys Harries, a Naomi Ackie, a David Dencik. Solo ves al personaje. Conectas con él. Sufres con él. Y eso, en el cine actual, es casi un milagro.
Porque a pesar de estar catalogada como una película con tintes de body horror, Clayface no te quiebra como persona por lo que ves. Te quiebra por el tema que aborda. No es la deformación de la carne lo que duele, es la deformación del alma.
Es una película que te hará mirar al mundo y a su corrupción sin filtros, al grado de entender que en Gótica —y fuera de ella— la honestidad se vuelve una diana en tu cabeza. Y poco a poco, esa corrupción va quebrantando el alma de aquellos que se niegan a abrazar la oscuridad, hasta convertirlos en villanos en su desesperada búsqueda de justicia.
Porque en Gótica, como en la vida real, es más fácil encontrar la locura antes que la justicia.
Esta es de las pocas películas que no te puedes perder ya que si eres fan de DC volverás a saborear esos años de gloria que tanto extrañaste

