«Te llevo conmigo», un ambicioso filme sobre amor y migración

Por Martín López González

Durante años el cine ha funcionado como un concientizador social debido al medio tan masivo en qué se convirtió. Esto ha permitido que cientos de cineastas vean en la pantalla grande la oportunidad de poner bajo la lupa algunas problemáticas sociales con la intención de persuadir al público con sus causas. Obviamente algunos de estos temas se vuelven tendencia dentro del gremio, permitiendo que por momentos se pierda el foco central de la situación, tergiversando la intención original. Por ello es que cintas como Te Llevo Conmigo resultan interesantes en una industria tan saturada de contenido.

 

Con una premisa interesante, este largometraje nos narra la historia de Iván (Armando Espitia), un hombre homosexual mexicano que reside en los Estados Unidos, y quién a través de una remembranza nos cuesta su historia tan única antes de ser lo que llegó a ser.

 

La directora Heidi Ewing nos entrega una película ambiciosa, que trata tanto la paternidad, como la homosexualidad, pasando por la xenofobia y la migración. Problemáticas que actualmente han cobrado una importante presencia en la sociedad.

 

Lo curioso es que el largometraje utiliza una narrativa muy peculiar que se basa en la estructura onírica. Por ello es que el filme salta constantemente entre recuerdo y recuerdo, algunos ocupando más tiempo en pantalla que otros.

 

Esto es justificado por el propio protagonista, quien comenta que tantos años alejado de lo que solía ser su vida, le han hecho perder la dimensión de aquellas situaciones que marcaron el rumbo de su vida.

 

Lo cual resulta interesante cuando se trata este argumento como una posibilidad increíble de contar su historia. Permitiendo abarcar la cantidad de temas que cubre, dándole más importancia a algunos más que a otros.

 

Y es que dentro de todos estos recuerdos que atormentan a Iván, algunos son increíblemente duros, mientras que otros se sienten gloriosos y llenos de libertad, logró que se debe fuertemente a la dirección de fotografía, que brinda mayor peso a cada escena.

 

Claro que la cinta no es perfecta, y por momentos parece perder la brújula argumental, situación que se debe a esta gran proeza narrativa que previamente recalcamos.

 

En resumen, a pesar de sus ligeros tropiezos, el largometraje cumple con su cometido, dejando valiosas enseñanzas y sobre todo, acercándonos un poco a lo cruel pero maravillosa que puede ser la vida.

 

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