“Licorice Pizza”, grato romance en pantalla

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El nuevo filme del reconocido director, Paul Thomas Anderson, llega a las salas mexicanas bajo el título, “Licorice Pizza”. Alejándose de sus sesudos largometrajes, “El hilo invisible” (2017) e “Inherent vice” (2014), en “Licorice Pizza” retrata un romance adolescente entre un chico de 15 años de edad, “Gary” (Cooper Hoffman), y una joven diez años mayor que él, “Alana” (Alana Haim), en la California de la década de los setenta.

Entre drogas y música, la joven pareja sorteará a la vida misma, sus altas y sus bajas, aderezando sus peripecias con famosos personajes de la farándula norteamericana, algunos aparecen con su nombre real, otros, con un nombre ficticio pero fácilmente reconocibles para el público.

Gracias a la capacidad creativa de Anderson, una gran cantidad de histriones actuales se pelean por siquiera hacer un cameo. En esta ocasión, Bradley Cooper, Sean Penn, Tom Waits o Maya Rudolph aparecerán en la historia para conformar este mosaico visual, de un rico lenguaje cinematográfico.

Con reminiscencias a «Embriagado de amor» (2001) sobre un romance sutil, Anderson recurre a la comedia ligera y a la química de Hoffman y Haim para crear un universo perfecto, grato para el espectador, de brillantes colores y bonitas sensaciones sin caer en lo cursi o bobalicón.

Paul Thomas sigue demostrando su grandeza como director, exaltando la calidez del romance juvenil, a una intimidad propia de alguien que conoce la psique humana y la logra colocar en escena, ya sea de manera trágica, o como en «Licorice Pizza», alegre y chispeante.