¿Sabías que el Ulama, el ancestral juego de pelota aún se practica?

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Mientras la atención del mundo se concentra en la máxima fiesta del futbol, Sinaloa ofrece una mirada al origen de los deportes de pelota. Mucho antes de los estadios y los torneos internacionales, los pueblos originarios de esta región ya practicaban una actividad que formaba parte de su vida ceremonial y de su manera de entender el universo. Hoy, ese legado perdura a través del Ulama, considerado la expresión viva más auténtica del antiguo juego de pelota mesoamericano que aún sobrevive en México.

El Ulama tiene su origen en el ullamaliztli, el juego de pelota practicado por diversos pueblos mesoamericanos. A lo largo de los siglos, esta actividad adquirió múltiples significados. Para algunas culturas simbolizaba un portal hacia el inframundo; para otras, representaba rituales de fertilidad, el movimiento de los astros, ceremonias religiosas, entre otras expresiones de la vida comunitaria.

Tras la llegada de los españoles, el juego desapareció de gran parte del territorio mesoamericano. Sin embargo, en Sinaloa logró preservarse como una tradición. Su importancia histórica fue reconocida oficialmente al ser decretado Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Sinaloa.

Una de sus características más sorprendentes es la forma en que se juega. En la modalidad más conocida, el Ulama de Cadera, dos equipos de cinco jugadores, conocidos como taures, se enfrentan dentro de un taste, un campo de juego de 50 metros de largo por 4 de ancho. La pelota, elaborada con hule natural y que puede alcanzar los cuatro kilogramos, se golpea únicamente con las caderas o parte superior del muslo para enviarla al terreno contrario, cruzando la línea que divide el campo llamado analco. El objetivo es obligar al equipo contrario a cometer un error o impedir que responda correctamente a la jugada; cuando eso sucede, se obtiene un punto, conocido como ravit.

Para soportar el impacto de la pelota, los jugadores utilizan una faja de piel de venado con un cinturón grueso de cuero llamado chimalo, además de vendas que amortiguan la fuerza de cada golpe. Debido al peso de la pelota y a la rapidez con la que se desarrolla el juego, la coordinación, la precisión y la resistencia física son fundamentales en cada partido.

Actualmente se conservan tres modalidades principales: el Ulama de Cadera, considerado el más representativo; el Ulama de Antebrazo; y el Ulama con Mazo, cada una con reglas y dinámicas particulares que reflejan siglos de historia.

Aunque fue una actividad común hasta la década de 1960, su práctica disminuyó considerablemente durante las últimas décadas. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de preservación y al compromiso de jugadores, familias y comunidades que continúan transmitiéndolo de generación en generación, Sinaloa se ha convertido en el principal custodio de una de las tradiciones más antiguas del continente

En comunidades como El Quelite, Mocorito, Mazatlán, Salvador Alvarado y Escuinapa todavía existen espacios para practicarlo y compartirlo como parte de su identidad cultural, lo que ha permitido mantener viva esta tradición.

Más que un juego, el Ulama es un vínculo entre el pasado y el presente. En un momento en que el mundo mantiene la mirada en el futbol, Sinaloa invita a descubrir una tradición que comenzó hace miles de años, cuando los pueblos originarios ya encontraban en la pelota una forma de convivencia y expresión cultural que aún conecta a las personas.

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