Super chicks de los 80’s

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En la década de los ochenta escaseaban las mujeres de acción en el Séptimo Arte comercial. Salvo Ellen Ripley (Sigourney Weaver), Sarah Connor (Linda Hamilton) o Supergirl (Helen Slater), las heroínas solían encontrar un lugar adecuado en el cine Serie B. De no ser por los videoclubes, Videocentro, Videomax o Blockbuster (ni que decir de los negocios familiares), los fans de la mezcla entre belleza y poder se hubieran perdido de actrices del calibre de Cynthia Rothrock, Pam Grier, Tracy Lords o Michelle Yeoh, incluso, Brigitte Nielsen, quien logró estelarizar Red Sonja, personaje del universo de Conan, creados ambos por el icónico autor, Robert E. Howard. Los Xennial tuvieron la fortuna de admirar las proezas de este grupo de chicas, algunas expertas en artes marciales, otras eficaces con armas, las menos, con súper-poderes. Según datos de la industria cinematográfica de los ochenta, los grandes estudios optaban por filmar película de esta índole para satisfacer al público masculino, amén claro, que el mismo sector de adolescentes y jóvenes adultos disfrutaba de ver en la pantalla de plata a los héroes adrenalínicos de la época, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Harrison Ford y ya al final de la colorida década, Bruce Willis, todos capaces de acabar con un ejército de malhechores o nazis.

Si bien dichos productos sí eran dirigidos para el deleite visual, también poseían un alto compromiso actoral de parte de las protagonistas. Por ejemplo, Rothrock, como policía o espía, realizaba las escenas de combate sin recurrir a dobles, en gran medida a que resultaba muy complicado hallar a una stunt con la capacidad de Cinthya para lanzar patadas giratorias o puñetazos letales (para los villanos). Daniel LaRusso de Karate Kid no le hubiera durado ni diez segundos. Actrices como Weaver y Hamilton se prepararon físicamente para tonificar sus cuerpos y convencer a la audiencia de que podían manejar una situación de crisis, ya fuera contra alienígena o ciborgs provenientes del futuro. Grier y Lords mejoraban sus personajes policiales con el aprendizaje del uso de armas de fuego auténticas, además de adiestramiento en combate cuerpo a cuerpo.

Quizá, la menos capaz histriónicamente era Nielsen, quien de cualquier forma dotó de entusiasmo su participación en el filme de Richard Fleischer de 1985, basado en la guerrera pelirroja extraída de las páginas de Conan. Hace algunos ayeres, antes de la pandemia, a Brigitte se le ocurrió decir que Red Sonja pertenecía al Marvel Cinetmatic Universe (MCU), lo que ocasionó risas y críticas en su contra, ¡pero estaba en lo cierto! En ese momento la Roja Sonia era publicada por Marvel Comics con guiones de Roy Thomas y trazos de John y Sal Buscema, lo que desde cierto punto de vista (como diría Obi Wan), sí antecedió a todo el MCU.

Todos estos datos de un auténtico friki como lo es un servidor, podrían resultar en trivialidades salvo por un pequeño detalle: dichos modelos femeninos de mujeres de acción no eran sólo admirados por hombres, también, por mujeres. De acuerdo a la guionista, dibujante y autora, Trina Robbins, las niñas de la Generación Baby Boomer (ya sé que este texto es sobre Xennials) no tenían un ejemplo de poder femenino durante el auge del cómic de superhéroes entre los treintas y cincuentas, hasta que llegó la Mujer Maravilla. Robbins, antes de fallecer a los 86 años en 2024, reveló que no había mayor dicha para ella y sus compañeras de secundaria que visitar las drugstores, donde arribaba una vez al mes el nuevo número de la princesa amazona. Luego, mientras Trina pasaba de niña a adolescente, celebró la aparición de cómics sobre Supergirl, Batgirl, Lois Lane, entre otras justicieras del Noveno Arte que fortalecieron en la juventud de la era un sentido de poder y autoridad en favor del género femenino.

Robbins no es la única en echar por tierra la idea de que las heroínas eran sólo para el público masculino. Obsesionada por la Mujer Maravilla, la actriz cuasi-Xennial, Sandra Bullock, adquirió en los noventa los derechos cinematográficos de la amazona para llevarla a la pantalla grande. Bullock, una vez que hizo fortuna gracias a éxitos como Máxima velocidad, Demolition Man o Mientras dormías, ansiaba interpretar a Diana Prince (nombre real de Wondy), debido a la admiración que tenía por Lynda Carter, quien entre 1975 y 1979 dio vida en la TV a la superheroína más importante de la cultura pop. Lamentablemente para Bullock nunca se concretó el proyecto ante la alta demanda de trabajo que tenía Sandra para intervenir en comedias románticas. De hecho, Bullock intentó sólo quedarse como productora, convenciendo a Demi Moore para que encarnara a la justiciera, sin embargo, el plazo para ejercer los derechos caducó, volviendo estos a Warner-DC Comics.

¿Y en México? La actriz y productora, Gloria Mayo, dio origen en los ochenta a la única superheroína del cine mexa (bueno, también contemos a la Mujer Murciélago de Maura Monto), es decir, Larrossa de las Estrellas, una mezcla de luchadora enmascarada, periodista y princesa intergaláctica, que apareció en dos películas ochenteras, hoy motivo de culto. Por cierto, Mayo fue rommie de la Mujer Maravilla, ¡sí, de la mismísima Lynda Carter! Se conocieron en el concurso Miss Mundo en 1972, certamen en el que por cierto, Gloria avanzó a las semifinales. La bella rubia declaró que por ningún motivo se le ocurrió crear a Larossa en respuesta a que Lynda fue la Mujer Maravilla. ¿Le creemos?

Los Xennial, tanto hombres como mujeres, quedamos marcados por una cultura pop en la que emergieron nuevas raíces del empoderamiento femenino, un tanto inocente pero a final de cuentas sincero.

 

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