Fallece el Dr. Marco Antonio Zenteno Castellanos, pionero del neurointervencionismo

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La medicina mexicana despide a uno de sus grandes pioneros. El Dr. Marco Antonio Zenteno Castellanos, médico radiólogo y referente internacional del neurointervencionismo, falleció el 12 de octubre, a los 72 años. Su trayectoria abrió nuevas posibilidades para el tratamiento de enfermedades cerebrovasculares y dejó una escuela de especialistas que continúa su labor.

Impulsó la llegada a nuestro país de la primera resonancia magnética de América Latina en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) , un hito para el diagnóstico neurológico. Desde esa institución desarrolló protocolos de trabajo neuroendovascular y contribuyó decisivamente a establecer en México la terapia endovascular neurológica: una disciplina de mínima invasión que permite tratar aneurismas, fístulas y malformaciones vasculares sin necesidad de abrir el cráneo.

Su vocación por construir instituciones fue tan importante como su trabajo clínico. Fue fundador de la Sociedad Mexicana de Neurorradiología y de la Sociedad Ibero Latino Americana de Neurorradiología (SILAN). Con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) creó una escuela pionera a nivel mundial de Terapia Endovascular Neurológica, con formación conducente a la obtención de una cédula de especialidad.

El reconocimiento a su trabajo llegó temprano: en 1992 ingresó a la Academia Nacional de Medicina de México como uno de sus miembros más jóvenes. Fue investigador nivel II del Sistema Nacional de Investigadores y participó activamente en la generación y transmisión de conocimiento científico.

Su impacto, sin embargo, se mide sobre todo en las vidas que tocó. Realizó más de 10,000 embolizaciones a lo largo de su carrera y atendió a pacientes de todas las edades, incluidos bebés de apenas diez días de nacidos. Cada intervención representaba para él una oportunidad de aliviar el sufrimiento y ofrecer esperanza a una familia.

Durante cuarenta años dedicó su vocación al INNN, donde fue jefe del Departamento de Terapia Endovascular Neurológica. En 2024, el Instituto le rindió homenaje al dar su nombre a la Sala de Hemodinamia, como reconocimiento a su aportación a la medicina y a la formación de generaciones de profesionales.

Quienes lo conocieron recuerdan a un hombre de carácter firme, luchador, perseverante y fiel a sus causas, que ante los obstáculos buscaba siempre el «cómo sí». Esa determinación convivía con una sensibilidad extraordinaria: era cálido, generoso y amoroso, dispuesto a ayudar a quien acudiera a él.

Defendió hasta el final una convicción profundamente humana: que la atención médica de más alta calidad debía estar al alcance de cualquier persona, sin importar su origen ni su condición socioeconómica. Para él, la excelencia científica solo encontraba su sentido pleno cuando servía a los demás.

Su partida deja un vacío entre familiares, pacientes, colegas y alumnos. Su legado permanece en las técnicas que ayudó a desarrollar, las instituciones que contribuyó a fundar, los especialistas que formó y las miles de vidas a las que ofreció una nueva oportunidad.

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