El Premio Alfaguara de novela 2023 es para el escritor peruano Gustavo Rodríguez

**El jurado del XXVI Premio Alfaguara de novela ha declarado ganadora la novela por mayoría.
**Cien cuyes es una novela tragicómica sobre uno de los conflictos de nuestro tiempo: el cuidado de las personas mayores y la empatía con ellos.
**La novela ganadora ha sido presentada bajo el seudónimo de Cien cuyes.
**706 manuscritos han concurrido en la XXVI edición del premio.
**El premio Alfaguara de novela está dotado con 175.000 dólares (162.000 euros, aproximadamente) y una escultura de Martín Chirino.
**Cien cuyes estará a la venta en librerías el próximo 23 de marzo.

El escritor peruano Gustavo Rodríguez ha sido galardonado con el Premio Alfaguara de novela 2023, dotado con 175.000 dólares (162.000 euros, aproximadamente) y una escultura de Martín Chirino, por la obra Cien cuyes, presentada con el título Largo viaje hacia el adiós y bajo el seudónimo de Cien cuyes. El jurado, presidido por la escritora argentina Claudia Piñeiro y compuesto por el periodista y escritor español Javier Rodríguez Marcos, la editora y traductora argentina Carolina Orloff, el librero de Letras Corsarias, en Salamanca, Rafael Arias García, el escritor español Juan Tallón, y la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes (con voz pero sin voto), ha declarado ganadora la novela por mayoría. La novela estará a la venta en librerías el próximo 23 de marzo.

El jurado ha destacado que «Cien cuyes es una novela tragicómica, situada en la Lima de hoy, que refleja uno de los grandes conflictos de nuestro tiempo: somos sociedades cada vez más longevas y cada vez más hostiles con la gente mayor. Paradoja que Gustavo Rodríguez aborda con destreza y humor. Un libro conmovedor cuyos protagonistas cuidan, son cuidados y defienden la dignidad hasta sus últimas consecuencias».

En esta convocatoria se han recibido 706 manuscritos, de los cuales 296 han sido remitidos desde España, 112 desde Argentina, 99 desde México, 81 desde Colombia, 43 desde Estados Unidos, 28 desde Chile, 27 desde Perú y 20 desde Uruguay.

CIEN CUYES

En un barrio residencial de Lima con vistas al mar languidecen unos ancianos de clase acomodada. Frasia, acuciada por sus necesidades económicas, pues tiene que sacar adelante a su hijo Nico, se ha ido convirtiendo en compañía imprescindible para algunos de ellos. Si consiguiera juntar diez cuyes, el dinero para comprar diez conejillos de Indias, podría, según le dijo siempre su tío, empezar una nueva vida. Así, todos los días cruza la ciudad en transporte público para asistir a Do ña Bertha, que además de ayuda doméstica necesita un apoyo extra porque en los últimos tiempos anda baja de ánimo y casi no tiene contacto con su hija. Frasia es muy buena en eso, y es tanta la fama de su buen hacer que en poco tiempo empieza a trabajar, en el mismo edificio, para Jack Morrison, médico jubilado y viudo, aficionado al jazz y al whisky e inmerso en una soledad que le oprime el alma. Algo más tarde también lo hará en la residencia del barrio, donde un grupo de residentes han formado una familia que se hace llamar «los siete magníficos».

Sin embargo, a pesar de los cuidados de Frasia, para todos estos personajes los días siguen cayendo pesadamente en una rutina de medicamentos, comidas sosas a horas fijas, telefilmes, achaques y alguna que otra charla, en la que con frecuencia tienen muy presente el final de sus existencias. Frasia lo sabe, y también sabe que su estrecha relación y la confianza que ha logrado establecer con ellos acabará llevándola a una encrucijada.

En Cien cuyes se dan la mano la soledad y el encuentro, las diferencias de clase y la capacidad de empatizar por encima de ellas, la incertidumbre ante el futuro y la tercera edad, el final de la familia y la dependencia. Y por encima de todo ello planea la necesidad humana tan esencial de encontrarle un sentido a la vida.

Gustavo Rodríguez nació en Lima en 1968. Ha publicado las novelas La furia de Aquiles (2001), La risa de tu madre (2003), La semana tiene siete mujeres (2010), Cocinero en su tinta (2012), República de La Papaya (2016), Te escribí mañana (2016), Madrugada (2018) y Treinta kilómetros a la medianoche (2022), y el volumen de relatos Trece mentiras cortas (2006). También ha escrito libros infantiles y juveniles que se leen en escuelas. En Traducciones peruanas (2008) se compendian diez años de artículos suyos publicados en El Comercio de Lima. Ha sido finalista del Premio Herralde y del Premio Planeta-Casamérica.

Twitter: @GustavoEscribe

Así comienza Cien cuyes

Cuando el metro elevado fue inaugurado por fin luego de veinticinco años de construcción, los aplausos ocultaron las críticas de que su larguísima verruga marcaría para siempre a la ciudad. Es lo que ocurre ante la desesperación: poco interesa en una sala de emergencia cómo quedará la cicatriz de una cirugía. Sin embargo, aquel ciempiés de concreto que los visitantes de metrópolis más amables observaban incrédulos por encima de sus cabezas tenía en Eufrasia Vela a una pasajera especialmente agradecida con esos fotogramas vivos que le enriquecían el trayecto: hacía un rato había pescado en una azotea a una mujer de su edad, rechoncha como ella, dando vueltas sobre su eje mientras hacía girar un sostén rojo; y ahora, en plena curva antes del óvalo Los Cabitos, había descubierto el grafiti de una pinga azul, relumbrante y retorcida como un neón: sabía que la acababan de pintar en ese muro, esa misma noche quizá, pero la asociación entre el vandalismo y el tren la hizo a retroceder a una viejísima película ambientada en Nueva York.

Un policial con ese actor, Al Pacino… ¿cómo se llamaba?

Nunca tuvo buena cabeza para los títulos y, últimamente, tampoco la tenía para los encargos. Por fortuna, aquella pintura en spray se volvió témpera en su cabeza y el rostro de su hijo se volvió una urgencia.

Mientras el tren desaceleraba, buscó su teléfono en el pantalón. Y mientras marcaba las teclas, levantó su amplio trasero.

Extrañamente, para ser un lunes, la gente no era mucha y avanzó con pocos roces: cuando sus zapatillas empezaban a bajar las escaleras de la estación, la voz de su hermana ya estaba en su oreja.